Andorra vuelve a la primera línea informativa a causa de la emigración de varios youtubers a dicho país para intentar así defender sus rentas de trabajo y actividades económicas del expolio y la incautación crecientes en España. Frente a la censura del Ministerio de Hacienda por su “falta de conciencia fiscal”, vaya este comentario.
El Principado de Andorra es un micro Estado Independiente, Democrático y Social de Derecho, cuya forma de gobierno es el Coprincipado Parlamentario (entre el Obispo de Urgel y el Presidente de Francia), situado a caballo de España y Francia empero no miembro de la UE, aunque su moneda sea el euro, que ofrece una fiscalidad reducida, sobre todo en comparación con sus dos grandes vecinos a los que bate en todos los epígrafes impositivos sin -y este es el motivo de mi reflexión- que la calidad de vida disminuya, antes al contrario, supera la calidad de vida en España en todos los epígrafes salvo en la climatología… Está claro, una vez más, que no se puede tener todo.
El sistema fiscal de Andorra, uno de los más benignos de Europa sin constituir por ello un paraíso fiscal, con tipos de gravamen bajos en todos los Impuestos Directos (IRPF, IRNR, ISD, IP e IS) para sus residentes fiscales, con tipos máximos que no superan el 10% en el peor de los casos combinados, además, con importantes beneficios fiscales, reducciones y exenciones, que hacen que la cuota de muchos de ellos sea, en la práctica y en determinados supuestos, inexistente. Coherentemente con lo anterior, presenta un esquema similar para los Impuestos Indirectos (IVA o IGI, como se denomina allí) con un tipo general 4,5% y otros más reducidos aún, salvo para para los servicios financieros y bancarios a los que aplica el 9,5%. El resto de Tasas y Tributos mantienen esa misma línea.
La pregunta es ¿con esa mini fiscalidad se puede mantener un territorio de casi 500 km2 con unos 80.000 habitantes en perfecto estado de revista? La respuesta es un sí rotundo. Andorra presenta una densidad de población de 165 habitantes/Km2 con una renta per cápita de 49.000€ mientras España no llega a los 94 habitantes/Km2 con una renta per cápita de tan sólo 27.000€. Sin embargo, España, con una presión fiscal 3 veces superior de media y una clara economía de escala a su favor, no es capaz de ofrecer los estándares de calidad de vida y de eficiencia que ofrece Andorra a pesar de su adversa climatología. ¿Cómo es esto posible? Porque Andorra sí se preocupa por sus ciudadanos residentes y les hace copartícipes del buen funcionamiento de sus instituciones a las que todos contribuyen. Andorra presenta una estructura de Estado similar a la de España con la única excepción del Ejercito, que no posee al estar flanqueada y amparada por sus dos vecinos. El resto de Poderes tienen su reflejo en Andorra (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) así como unos servicios públicos perfectamente parangonables con los de España desde la Sanidad (baste decir que el Índice de Calidad y Acceso a la Atención Médica de 2017 calificó a Andorra como el nº 1 del mundo, con una puntuación de 95/100 mientras España sumó 90 puntos y Francia 88) y la Educación, pasando por los Deportes, el Transporte y las Telecomunicaciones, hasta su propio Servicio de Exteriores. Todos ellos con dimensiones y calidad por encima de la media europea y con un denominador común: centralidad y eficiencia. Sus servicios son punteros y algunos como la Sanidad exigen un copago -que pueden afrontar con holgura por sus bajos impuestos- y funciona como un seguro de reembolso (se cotiza primero, se abona el servicio íntegramente después -lo que permite un total derecho de elección a los ciudadanos-, y se recupera la prestación del Estado en unos días) por lo que podemos afirmar que, con arreglo a su geografía y tamaño, Andorra funciona como un reloj y, además, es uno de los territorios más seguros del Mundo Mundial.
La reflexión es la siguiente: España se dedica a criticar algo que debería, en buena lógica, imitar. Y es que, como demuestra Andorra, una baja fiscalidad no está reñida, para nada, con unos servicios sociales eficientes y seguros para el conjunto de la ciudadanía que, además, puede elegir de quién, dónde y cómo obtener esas prestaciones que luego verá reembolsadas por un Estado que, de esta manera, apuesta por el sector privado (único generador de impuestos), estimula la libre competencia y, por ende, la eficiencia de dichos servicios que son al final financiados, como en España, con el dinero del contribuyente. Frente a este sistema claro y transparente ¡y que funciona! Tenemos el falaz discurso de este Desgobierno Comunista que relaciona presión fiscal con la calidad de los servicios públicos cuando en realidad es todo lo contrario: a mayor presión fiscal para financiar un mayor gasto público, en el sistemita que padecemos, siempre a mayor gloria de los partidos políticos y de sus “colocaciones”, se dispara la ineficiencia y la corrupción, y el resultado es un servicio público peor…¡y muchísmo más caro! Va siendo hora ya de que, de una vez por todas, abramos los ojos y nos demos cuenta.
