Paralelamente a lo que ocurriera con el «sistema del turno«, inaugurado con el Pacto de El Pardo (1885) que abrió la alternancia en el poder entre el Partido Conservador y el Partido el Liberal con la bendición de la Corona y que luego colapsara en 1917 por la corrupción galopante dando paso, primero, a la Dictadura de Primo de Rivera (1923) y, después, a la II República (1931) que desembocó en la Guerra Civil y en la posterior Dictadura de Franco (1939-1978), ahora y durante todo el llamado periodo democrático (1979 hasta nuestros días) –porque no son pocas las salvedades que continuamente denunciamos en este blog acerca del mismo- vemos como el PSOE y el PP se han venido alternando en el poder durante más de 40 años como lo hicieran en el siglo pasado liberales y conservadores: bajo el paraguas de la Corona, con el apoyo de las grandes empresas y con la complicidad tanto de los partidos políticos como de los grandes medios de comunicación. Y todo para que ese “estado franquista” se perpetuase, y motivo por el que ninguna de las mayorías absolutas conseguidas por Felipe, por Aznar o por Rajoy, al calor del clamor popular de cambio en cada uno de esos periodos, sirvieran absolutamente para nada porque los partidos políticos – la PPSOE, al fin y al cabo- quieren, como la canción de Julio Iglesias, que la vida siga igual que entonces.
El único cambio en el establishment lo ha provocado la salida a la carrera, abdicación incluida (2014), de Campechano, huyendo de la Fiscalía Suiza y de la Española tras 40 años de corrupción consentida y amparada por los partidos del turno, por la PPSOE, hito que marcó el final de la llamada “transición” dando paso al actual periodo en el que la falta de representación real empieza a descoser las estructuras políticas dando paso a opciones cada vez más radicales que no se pueden contener mientras los partidos del turno sólo han podido parir dos ratones políticos: Sánchez y Casado, que solo aspiran a mantener el dichoso turno al margen de los ciudadanos alargando el fraude democrático en el que vivimos pero que poco a poco se va descomponiendo al no bastar ya el recurso tradicional de comprar a catalanes y vascos. De ahí el actual gobierno franquenstein. Soplan vientos de cambio cada vez más fuertes en la sociedad española que tarde o temprano se traducirán en un nuevo cambio de régimen.
En este contexto llega ahora el choque Ayuso-Casado que vuelve a poner de manifiesto ese fraude democrático en el que vivimos al apreciarse con claridad como Casado se considera el dueño del PP por lo que, para deshacerse de una Ayuso a la que ven como un rival político desde la PPSOE, urde una maniobra tan burda como ilegal, saltándose todas las líneas rojas (la presunción de inocencia, la protección de datos, el reglamento interno del partido, etc…) para primero amenazarla internamente para que abandone sus legítimas aspiraciones dentro del partido, particularmente su intención de presentarse a presidenta del PP en la CCAA de Madrid so pena de sacarle un asunto turbio que supuestamente salpica a su hermano y luego, al no ceder, imputarla por radio y televisión -que no a través de los cauces legales previstos para ello- varios delitos (desde la prevaricación administrativa, pasando por el tráfico de influencias y la malversación, hasta las negociaciones y actividades prohibidas a los funcionarios públicos y abusos en el ejercicio de su función, tipificados todos ellos en el CP a partir del Art. 404). Esto, por supuesto, no es nuevo: la PPSOE ha purgado de sus filas a cuantos han opuesto resistencia y/o coherencia como ocurrió recientemente con Cayetana y antes con otros como Barberá, Zaplana, Soria, Cifuentes o … con el mismísimo Mario Conde. Esto prueba bien a las claras que los líderes de los partidos políticos, particularmente de la PPSOE, son los dueños de unas superestructuras al margen de los ciudadanos y de la Democracia por lo que, en lugar de operar democráticamente respetando la Ley, se entregan a prácticas mafiosas contra sus propios militantes, así que imagínense lo que podrían hacer contra cualquiera de nosotros. La Dictablanda.
Finalmente y con independencia de que Casado y todos los intervinientes en semejante contubernio deban salir del partido si alguien quiere presentarse bajo dichas siglas con alguna garantía, lo más cierto es que lo que hay que cambiar de verdad son las causas, esto es, las Leyes que regulan tanto a los Partidos Políticos como el Proceso Electoral –abriendo, idealmente, un nuevo proceso constituyente- para introducirnos de una vez por todas en un periodo democrático real. Lamentablemente, estamos solos en esa lucha porque los partidos defenderán a buen seguro su actual superestructura de poder que, además, da de comer sin trabajar a miles de sus correligionarios, por lo que la sociedad civil y cada uno de los ciudadanos tenemos que empujar para instaurar una auténtica democracia que nos represente rechazando la actual partitocracia que nos está matando más cruelmente que la pandemia por el coronavirus chino. Dicho queda.
