La Deuda Pública de España se dispara y sigue batiendo marcas para cerrar 2021 con un crecimiento de más de 81.000M€ (+6,1%) y alcanzar la vertiginosa cifra de 1,428B€, esto es, un 118,70% del PIB, según los datos que acaba de publicar el BDE. Se mantiene así la tendencia al alza iniciada en 2007 que se ha visto claramente incrementada a consecuencia de la pandemia por coronavirus con un incremento que supera los 220.000M€.
La valoración del gobierno es, sin embargo, «positiva” destacando “el crecimiento de la economía, especialmente en la segunda mitad del año, junto con la positiva evolución de los ingresos públicos, confirman la prudencia en las estimaciones iniciales y han permitido iniciar ya en 2021 la reducción de la ratio de deuda pública sobre el PIB, que se intensificará en los próximos años” mientras el FMI solicita un plan de reducción de deuda y “un plan creíble de consolidación fiscal a mediano plazo podría ayudar a generar el consenso social necesario y respaldar la confianza de los inversores» junto con un plan para «asegurar la sostenibilidad del sistema de pensiones» tras advertir que la previsión de crecimiento para España (5,8% para 2022, 3,8% para el 2023 y 2,3% para 2024) está por debajo de la del gobierno de España y en consonancia con la de la mayoría de instituciones y analistas (5,5%), con lo que ponen en duda todas las previsiones presupuestarias de la ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, que lo fía todo al incremento de los ingresos tributarios, esto es, de los impuestos.
Por el contrario, para el FMI resulta fundamental, dado que el ejecutivo español no ha conseguido recuperar los niveles de actividad económica previos a la pandemia, profundizar en políticas prudentes a medio plazo con el objetivo de reducir gradualmente tanto la ingente Deuda Pública como el Déficit Público (desde el 7,8% del cierre de 2021 al 5,3% en 2022 y al 4,3% en 2024 con el objetivo del 4% en 2027) aprovechando la inversión pública financiada en parte por los fondos europeos (NGEU) y en evitación de que la sangría impositiva reduzca el consumo privado y dispare una inflación que consideran que se mantendrá elevada durante 2022 (3,5% de media para 2022 y 1,2% para 2023 y 1,6% para 2024) a consecuencia de los altos precios de la energía -trufados de impuestos- y por las interrupciones en la cadena de suministro, aunque confía en que la misma se vaya moderando en la segunda mitad del año a medida que esos dos factores se vayan disipando. Finalmente, para el FMI el drama del mercado laboral se mantiene, a pesar de haber recuperado los niveles anteriores a la crisis, porque las proyecciones hablan de pírricas reducciones desde el 15% del cierre del 2021 al 14% en 2022 y hasta el 13% en 2026.
Con este panorama resulta increíble que el gobierno no proceda inmediatamente a cortar el gasto público innecesario y a cambiar la financiación del sistema de pensiones y siga fiándolo todo a la subida de impuestos que acabará ahogando a empresas y familias y bloqueando la recuperación económica al carecer todos los agentes económicos de dinero efectivo en sus bolsillos. ¡Tendremos que esperar a los hombres de negro!
