The Economist, para muchos la revista económico-política más prestigiosa del mundo, elabora desde 2006 su famoso Índice de Calidad Democrática en el que analiza y puntúa a las democracias de 0 a 10 en base a una serie de parámetros y acaba de publicar su edición 2021 en la que Noruega sigue como nº 1 mundial con 9,75 puntos y España, por vez primera, suspende con 7,94 puntos, por lo que su calificación pasa de “democracia plena”, a partir de 8 puntos y donde se encontraba desde el principio, a “democracia defectuosa”.
La evolución de España desde el 2019 (8,29) ha sido negativa perdiendo paulatinamente puntos para rozar el aprobado en 2020 (8,12) y acabar perdiendo el nivel de “democracia plena” en 2021 (7,94), tras haber remontado desde el batacazo que supuso el referéndum ilegal de 1-O en 2017 (8,08). Para The Economist las claves que han hecho descender a España por debajo de los 8 puntos son: (i) la falta de independencia judicial que se pone de manifiesto tanto con las “divisiones políticas” a la hora de renovar el CGPJ que sigue funcionando con varios de sus consejeros prorrogando sus mandatos desde el 2018 como con el nombramiento de la ex Ministra de Justicia, Dolores Delgado, como Fiscal General del Estado tras recordar que la Fiscalía dependía del gobierno; (ii) por la expansión del poder estatal sin controles so pretexto de combatir la pandemia; (iii) por las sentencias del Tribunal Constitucional que, por un lado, declararon inconstitucional el cierre del Congreso durante las primeras semanas de la pandemia y que, por otro, terminó por declarar inconstitucionales los dos Estados de Alarma decretado por el gobierno y que le permitieron gobernar con poderes excepcionales durante meses sin rendir cuentas al Parlamento, y (iv) por el creciente nacionalismo catalán que socava el Estado de Derecho. Con todo, España pasa a ser el único país de Europa que pierde la calificación de “democracia plena” y fuera de Europa sólo Chile ha retrocedido al nivel de “democracia defectuosa” en 2021.
Hoy tenemos las Elecciones Autonómicas de Castilla y León del 13-F, pero lo que tiene que entender todo el mundo es que sólo con votar no basta. También votan en Venezuela, Nicaragua, Cuba y Rusia y nadie con dos dedos de frente diría que son Democracias. Votar no basta. Se necesitan muchas otras cosas que no existen en España como por ejemplo el voto directo, las listas abiertas, la iniciativa popular y el referéndum para las cuestiones clave (en 2021 Suiza votó vía referéndum las propuestas de ley climática y ley del CO2 con las que se pretendían imponer nuevas restricciones desde los partidos políticos que luego fueron rechazadas por el sentido común de la ciudadanía y de las que nos hicimos eco en la entrada “El ejemplo suizo”) y sobre todo una nueva regulación de los partidos políticos que permita la remoción de aquel que gana el gobierno en base a un programa y a unas ideas que luego no desarrolla incumpliendo el mandato democrático del pueblo logrado a través de las distintos procesos electorales. En España solo tenemos perfeccionado el proceso electoral en sí mismo que es limpio, rápido y ejemplar, pero lo que ocurre con esos votos una vez que los reciben los distintos partidos políticos que concurren a las elecciones no tiene nada que ver con el compromiso adquirido a través de sus programas electorales lo que, por una parte, supone un claro fraude democrático y, por otro, que a la ciudadanía le dé prácticamente igual a quién votar porque luego hacen lo que les da la gana lo que dispara el absentismo electoral y reduce nuestra calidad democrática hasta el punto de que considero que la valoración que hace The Economist no sólo es acertada, sino que se queda muy corta.
