Porque estamos en la IVGM. Porque cuando se enfrentan los dos principales bloques a nivel mundial se trata de una Guerra Mundial. Porque cuando Rusia, en su versión URSS, venció en la IIGM pensó que dominaría el mundo los 1.000 años siguientes al igual que lo soñó el Reich. Empero le duró bien poco porque esa superioridad con la que terminó la IIGM estaba basada en el apoyo a todos los niveles de los Aliados, esto es, de los EEUU, a los que se enfrentó seguidamente en una nueva guerra, la IIIGM, más conocida por su apodo de la “guerra fría”, que terminó con la implosión de Rusia en el 1989, con la caída del muro de Berlín, para explotar a continuación dando lugar a la desintegración de la URSS en el 1991.
Desde entonces la dictadura comunista rusa ha tratado de rehacerse combinando su santo y seña, comunismo y dictadura, con un sucedáneo de economía de mercado siguiendo el ejemplo chino, pero sin dejar de mantener su sueño de dominación sobre lo que entiende que es su espacio natural, lo que le ha llevado a no pocos conflictos con las antiguas ex repúblicas soviéticas, unos armados otros no, para acabar sometiendo a casi todas de una u otra manera bajo su esfera de influencia. Y así llegamos a Ucrania que ahora se ha convertido en la nueva falla donde vuelven a chocar esos dos bloques tectónicos que son EEUU y Rusia. Ucrania quiere, como el resto de ex repúblicas soviéticas, ser libre y económicamente desarrollada, y por eso se revolvió en 2013 contra la dominación rusa encarnada en el presidente pro ruso Yanukovich que suspendió la firma del Acuerdo de Asociación y del Acuerdo de Libre Comercio con la UE, iniciado en 2012, lo que desató una serie de manifestaciones y disturbios conocidos como el “Euromaidán” o la Revolución de la Dignidad, de índole europeísta y nacionalista, que terminó en 2014 con la huida a Rusia del presidente dando paso a nuevas elecciones presidenciales a través de las cuales ha llegado al poder Zelenski. Al mismo tiempo, Rusia desencadenó las tensiones separatistas de Crimea y el Donbás, territorios que controlaba ya de facto, lo que después tuvo la correspondiente respuesta de Ucrania para recuperarlos espoleada por unos EEUU que, con este movimiento, han provocado la testosterónica reacción del dictador ruso, Putin, y gracias a la que van a recuperar la hegemonía mundial sin disparar ellos ni un solo tiro. Jugada maestra del Departamento de Estado norteamericano.
Desde hace algunos años EEUU estaba advirtiendo como su principal mercado y socio, la UE, porque UK son sus “primos”, estaba olvidando poco a poco todo lo sucedido durante la IIIGM y admitía a Rusia como a un país más, olvidando todo lo sucedido entonces y obviando lo que Rusia sigue siendo ahora: una dictadura comunista. EEUU veía con preocupación como Rusia ganaba influencia y clientes con su portfolio de materias primas que, además, ofrecía con descuento para hacerle la competencia. Por eso, ya en 2018, el ex presidente Trump denunció ante la ONU que Alemania estaba “totalmente controlada por Rusia”, en relación con los gasoductos North Stream 1 y 2, y que “la dependencia de un solo proveedor extranjero puede dejar a las naciones vulnerables a la extorsión y la intimidación, y es por eso que felicitamos a los estados europeos como Polonia, por liderar la construcción de un oleoducto báltico para que las naciones no dependan de Rusia para satisfacer sus necesidades energéticas”. Por supuesto, nadie le hizo caso. Así que al Departamento de Estado no le ha quedado otra que quitarle la careta a Putin a los ojos del mundo para lo que ha utilizado a una ya cabreada Ucrania, idealmente fuera de la UE y de la OTAN, que se ha empleado con fuerza contra los pro rusos del Donbás lo que ha obligado a Rusia a actuar desatando la guerra en toda Ucrania y colocándose fuera de la legalidad internacional. Con este astuto movimiento ha desenmascarado a Rusia a los ojos del mundo y ha causado el pánico en la UE con su abandono militar del conflicto, lo que le ahora va a permitir (i) activar unas sanciones a todos los niveles históricas que debilitarán a su archienemigo Rusia, (ii) presionar a todos sus aliados y clientes para que hagan lo mismo, (iii) controlar todos los mercados financieros, incluso los de criptomonedas, (iv) relanzar su economía gracias a los sectores de materias primas y defensa y (v) recuperar, en definitiva, el cetro mundial de superpotencia mandando un recadito de paso a China. Línea, línea, línea, línea y ¡bingo!
EEUU ya ha ganado la IVGM en dos semanas y sin gastarse un duro y lo que pase en Ucrania a partir de ahora sólo servirá para que Rusia siga perdiendo y perdiendo, más y más, cada minuto que dure su ofensiva. Así que veremos lo tonto o lo listo que es Putin al que, por supuesto, EEUU dará una salida de paz por territorios para que pueda envainársela. Estamos ante la perestrokica ‘al revés’ y veremos si Rusia aprende la lección mientras su calidad de vida quedará de nuevo afectada unos cuantos años mientras el negocio de la reconstrucción de Ucrania será la contraprestación de EEUU a sus aliados. Punto y final.
