Con ocasión de la formación de la mayoría parlamentaria que alumbrará un nuevo gobierno en España, el lehendakari Urkullu (PNV) acaba de hacer una propuesta para un ‘un futuro plurinacional’ (traducción: un futuro donde seguir llevándoselo crudo) con la que seguir ampliando competencias en las ‘Comunidades Históricas’ (léase, Galicia, País Vasco, Navarra y Cataluña) sin hablar directamente de autodeterminación –algo que dejan para futuras etapas- todo apunta a una mayor financiación por parte del Estado para que su desarrollo lo siga pagando el ‘Resto de España’ que, como todos sabemos, es muchísimo menos histórico. ¡Cuentos!
La propuesta no detalla mucho más porque, repito, se trata solo de dinero y de vivir a costa del ‘Resto de España’. A sabiendas de la imposibilidad legal de reformar la Constitución para facilitar ventajas a unos territorios a costa y en detrimento de los demás –lo que va, de suyo, contra la Carta Magna- no hace referencias concretas ni a la ‘independencia’ ni al ‘derecho de autodeterminación’ sino que nos habla de construir un ‘futuro plurinacional’ en evitación de la tensión territorial que sufrimos y soslayando que la misma viene provocada, precisamente, por ellos, por las CCAA más favorecidas desde los tiempos del General. El vehículo para conseguirlo sería (sic) una ‘convención constitucional’ negociada bilateralmente entre el Estado y cada una de esas ‘Comunidades Históricas’ que, a su decir, resultaría “viable desde el punto de vista de su constitucionalidad”. Aunque habla de ‘novedad’, lo más cierto es que esta cantinela ya se intentó antes como ‘Plan Ibarreche’ y fue rechazada ampliamente por la PPSOE. Aún resuenan las acertadas palabras de ZP en el Congreso donde les explicó que “la voluntad popular hay que llevarla a cabo con todas sus consecuencias, y afirmo que la relación del País Vasco con el resto de España la decidirán todos los vascos, no la mitad, y todos los españoles” porque la unión de España como país se sustenta en “los valores de la razón, la libertad, la ciudadanía de iguales, el pluralismo, la supremacía del Derecho, de las garantías, el pacto colectivo, la limitación del poder…” y porque “la integridad territorial de España” es precisamente la garantía “de una libertad integral, de un pluralismo real”.
No obstante, quizá esta sea una buena oportunidad para destapar la corrupción de una Transición que trajo una suerte de ‘Franquismo 2.0’ donde todo quedó ‘atado y bien atado’ para que la PPSOE gobernara siempre apoyándose precisamente en estos territorios díscolos que, a cambio de esa gobernabilidad, cobrarían un buen peaje que los situaría siempre a la cabeza de España. No obstante, en los mismos convive una parte separatista con otra no separatista –la mitad o más, dependiendo de la provincia concreta- que se siente española y quiere pertenecer a España, pero que es opacada constantemente por los medios de comunicación al servicio de la PPSOE. Así nos muestran por televisión una realidad falseada torticeramente en la que parece que en los mismos solo vive gente que se quiere separar (como con las muertes por violencia de género que afectan al 0,0002% de las mujeres de este país y, sin embargo, los medios hacen ver que el 100% están en peligro). Mentiras y más mentiras que sirven para manipular a una opinión pública que previamente ha pasado por el adoctrinamiento que se lleva a cabo, desde hace muchos años, en las aulas. La realidad de las cosas es que la igualdad territorial brilla por su ausencia en España, que no existen unos territorios más históricos que otros y que las llamadas ‘Comunidades Históricas’ son unos parásitos que crecen a costa del resto y que por eso se quieren separar: por la ficción de que son mejores –gracias al dopaje político y económico- cuando no lo son (como con el BREXIT).
En este sentido, quizá también sea una buena oportunidad para plantear un referéndum en el que se pregunte tanto a los residentes de las ‘Comunidades Históricas’ como a los residentes en el ‘Resto de España’ si quieren seguir manteniendo esos privilegios o apuestan decididamente por una en España de Libres e Iguales en la que ya no cabrían más chupópteros (se quedarían en las mismas condiciones que el resto o serían expulsados, compensando económicamente con una parte de lo que, en estos últimos 80 años, se han llevado). Antes pensaba en la Unidad Indivisible de España, pero la creciente escalada de parasitación por parte de estos territorios que sostienen al gran parásito que es la PPSOE, me lleva a pensar que ese futuro nacional para el ‘Resto de España’ pasa por integrar todos los territorios en condiciones de igualdad o que los que no quieran se vayan al carajo, dejando vivir al resto en paz y en base a sus propios recursos que entonces ya no serían parasitados por nadie. Cada vez lo tengo más claro.
