El NODO intenta tranquilizarnos con los récords de turistas que sumamos año tras año en España, pero no dice nada acerca de que cada vez consumen menos y que, por lo tanto, suben las molestias y disminuyen los beneficios que generan. Un buen momento para reflexionar qué tipo y qué cantidad de turistas queremos en España. No es algo nuevo porque los hosteleros hace tiempo que advierten de la caída en el gasto que hacen, durante sus vacaciones, los turistas tanto nacionales como foráneos. Estancias más cortas, terrazas a medio gas y restaurantes sin necesidad de reserva son ya la tónica habitual de los últimos años en muchos sitios, a pesar de las cifras oficiales de ocupación.
El turismo low cost se abre paso porque el poder de adquisitivo de las familias españolas se ha desplomado por culpa de la PPSOE: de su infame máquina de extracción de rentas, vía impuestos y sanciones de todo tipo, y de su nefasta gestión económica que conduce al empobrecimiento general mientras la inflación hace inaccesibles muchos productos y servicios. Una España que, poco a poco, va cambiando el turismo de dinero y gasto por un turismo de ahorro.
La ‘Encuesta de Ocupación Hotelera’ del INE lo confirma. Los datos de junio y julio 2025 dicen que viajaron, respectivamente, 5,44M y 5,84M de españoles en cada uno de esos meses, lo que supone una caída del 1,85% respecto a 2022. El dato de pernoctaciones es aún peor, pasando de un total de 27,82M de pernoctaciones de españoles en 2022 a los 27,08M de 2025, una caída del 2,65%. En cuanto a los extranjeros, pasamos de los 11,7M de visitantes en 2022 a los 14M de 2025, un 19% más. Y en pernoctaciones pasamos de 49,4M millones en 2022 a los 56,5M de este año, un 14,5% más. Las tendencias están claras.
La conclusión que se puede sacar ya es doble: por una parte, los españoles cada vez viajan menos por España mientras que nos visitan más extranjeros, aunque ambos colectivos lo hacen gastando menos dinero. Eso transforma el sector turismo de un sector de rentabilidad en un sector de volumen, con los problemas que ello conlleva. Nos hemos convertido en un destino vacacional generalista cuya rentabilidad va mermando con el tiempo y que soporta mayores molestias, por el mayor volumen, a cambio de un menor beneficio. Por otra, está claro que el ‘cohete de la economía’ no se traduce en el ‘cohete del turismo y las vacaciones’ de unos españoles que, con poco dinero en los bolsillos, cada vez viajan menos y que, cuando lo hacen, gastan lo justo y necesario, ajustando también los días fuera de casa. Por algo será.
Lo peor puede ser que el sector turístico ha decidido imitar a la máquina de extracción de rentas de la PPSOE de manera que todos los lugares de España con turismo –que son muchos—han subido los precios para intentar sacar de los viajeros el máximo beneficio posible. Unas subidas que no han pasado desapercibidas para los extranjeros, que se adaptan o buscan otras alternativas más asequibles, y que no pueden ser asumidas por el mermado poder adquisitivo de los españoles, lo que explica su paulatina retirada del turismo vacacional clásico. Existen alternativas vacacionales más baratas alrededor del mediterráneo y eso debería hacer reflexionar tanto a las Administraciones como al propio sector porque, de seguir así, les vaticino un buen tortazo a medio plazo.
La PPSOE ha decidido convertirnos en la Disneylandia del Mundo Libre, pero no solo del turismo vive el hombre. Sin industria de peso y con unos servicios enfocados al turismo, si éste terminara fallando por su inveterado abuso de precios no sé lo que podría pasar en España. La burbuja del ladrillo se quedaría pequeña. Da para una buena reflexión y, por eso, ahí lo dejo.
