Hoy quiero reflexionar sobre la carta que escribió hace poco Javier Gómez de Liaño (‘A su señoría, el juez Peinado’, LD) a resultas de la campaña de acoso y derribo dirigida contra el titular del Juzgado de Instrucción Nº 41 de Madrid por su investigación sobre Begoña Gómez poniendo, una vez más de manifiesto, la paulatina y sistemática invasión de la Justicia desde la Política. Allí, Liaño destacaba que, en España, no se respetan las leyes, ni siquiera por quienes las hacen, para concluir que esos comportamientos “constituyen la prueba evidente de un género totalitario que, en el fondo, lo que persigue es dar el tiro de gracia a la independencia judicial”. Entiende que “el juez está obligado a pelear por su independencia hasta verter sudor y sangre” recordando a Rudolf von Ihering –recuerden, el de que quien no defiende su derecho es un perro— que, en su Lucha por el Derecho, afirmó que el Derecho que no lucha contra la Injusticia, se niega a sí mismo, y que todo derecho subjetivo es el resultado de un pulso, de una fricción social para extraerlo, por lo que primero es la lucha y después el Derecho.
Liaño denuncia también que los políticos “entienden la justicia en clave ideológica y que trafican con ella alterando su pureza”, sin embargo, olvida otras muchas cosas. Olvida, para empezar, que son los jueces los primeros protagonistas de esta historia de entreguismo a los políticos. Son los jueces, a nivel individual y colectivo, a través de sus Asociaciones y del mismísimo CGPJ, quienes desde los albores de esta falsa democracia se callaron primero y se sumaron después a la destrucción de la separación de poderes de la que traen causa todos estos dislates. Son los jueces los que se ‘vendieron’ a los políticos para hacer carrera, dejándose marcar con las divisas de las ‘ganaderías políticas’. Son los jueces los que, ante casos ignominiosos protagonizados por los políticos o por las distintas Administraciones, por la Casa Real… se hacen pequeñitos frente a los poderosos en lugar de defender la Ley, la Constitución y la Justicia Material por encima de cualquier otra cosa. Los propios jueces son, querido Liaño, los que apostaron al caballo ganador de los políticos a pesar de tener una posición firme para poder cumplir con su obligación respecto al Pueblo.
Los políticos no pueden comprar al que no se vende. No puede ser de otra manera. Si no te pones en almoneda, con el fin que sea, yo no te puedo comprar. Hay cosas que no se pueden comprar porque no se venden. Sin embargo, en España, lamentablemente, los jueces fueron los primeros que se apuntaron al ‘Franquismo 2.0’. Su defensa de la Ley y la Democracia fue siempre y en líneas generales impostada, porque desde la LOPJ del 85 se echaron en brazos de la PPSOE a fondo perdido. Casi nadie ha osado ir contra los intereses de la PPSOE y quienes lo han hecho han salido trasquilados al carecer del apoyo de sus compañeros.
Son muchos olvidos, querido Liaño, quizá demasiados. Olvidos que hacen imposible ese Estado de Derecho del que, sin embargo, presumen políticos y jueces, y que, en consecuencia, diluyen tanto la separación de poderes como la propia democracia. Cartas como la tuya, lejos de contribuir a la recuperación de lo perdido, blanquean la realidad jurídica española en perjuicio de quienes somos tus compatriotas. Ni Peinado es el único juez afectado, ni la culpa es de todos. La culpa es de muchas personas que, teniendo un puesto público, particularmente los jueces, en lugar de ejercer su responsabilidad en defensa de la Ley y del Ciudadano, se han echado en brazos de los políticos hasta convertirnos, a todos, en súbditos de un poder totalitario. Los políticos solos no pueden hacerlo, necesitan de los jueces y de los funcionarios que son los auténticos culpables del drama que vivimos.
La edad es el gran estimulante frente a la dictadura. Favorece mucho ser decente y hacer lo correcto sencillamente porque ya se tiene muy poco que perder. La edad, en el fondo, es lo que le permite al juez Peinado plantarse ante el Poder. A ver si, con el tiempo, todos vamos siendo un poco más valientes y reclamamos lo robado: el Estado de Derecho, la Separación de Poderes y la mismísima Democracia. Os ruego que no lo dejéis caer en el olvido.
