España recibe, cada año, entre 70.000 y 120.000 africanos sumando todas las vías. La altísima demografía africana y la situación política y económica de muchos países en ese continente seguirán alimentando la emigración desde el mismo. Ahora, África tiene 1.500 millones de habitantes, pero en 2050 tendrá 2.500 millones. Europa, sin embargo, no crece: los 450 millones que tenemos hoy, apenas serán 445 millones en 2050. El resultado es que tenemos una bomba demográfica colocada a 14 kilómetros de distancia. Un desafío gigante.
Otro dato importante es que entre el 53% y el 68% de los hispanoamericanos residentes en España cotizan la Seguridad Social. Una ratio que supera la de los propios españoles que solo alcanzan el 42,7%. Tasas muy por encima de las que arrojan otros países con residentes en España: Marruecos y Nigeria se mueven en el 35% mientras que Argelia solo llega al 27%. Esas diferencias no obedecen solo a que los primeros disfrutan de una cultura e idioma iguales, sino a que a los segundos presentan un nivel educativo y cultural mucho más bajo que dificulta su entrada en el mercado laboral. Además, cuando lo consiguen, lo hacen a costa de los que ya ocupaban esos puestos de baja cualificación, al estar dispuestos a casi todo a casi cualquier precio. España no puede sine die integrar de forma masiva población de baja cualificación cuando mantenemos un paro estructural del 14% y una productividad a la baja. La realidad es que nuestro mercado laboral ni siquiera puede integrar a muchos de nuestros jóvenes.
¿Qué sentido tienen las regularizaciones masivas? ¿Para qué cobijamos a inmigrantes sin papeles? La inmigración ilegal no puede traer nada bueno. Tampoco se puede legalizar la ilegalidad. ¿Adónde nos conduciría eso? Tenemos que poner orden y que la inmigración responda a verdaderas necesidades de nuestra sociedad y de nuestras empresas. Cualquier otra cosa sería hacernos trampas al solitario. La residencia no vinculada a un contrato de trabajo o a la suficiencia de medios solo puede traer problemas. Problemas y gorrones. Es así de simple.
La brecha de renta per cápita entre Europa y África –en números redondos, 44.000$ frente a 2.000$– obliga a regular la entrada porque, de lo contrario, seríamos realmente inundados y esa inundación, como la DANA, arrasaría con todo: con la economía, con el bienestar, con los derechos, con los servicios públicos, con la seguridad… Además, no nos volveríamos todos ricos como parecen apuntar los valedores de este sindiós, sino que la renta per cápita tendería a igualarse por abajo con el tiempo. La inmigración solo tiene sentido cuando nos complementa racionalmente. Esa complementariedad no solo debe ser económica, sino también cultural, educativa e idiomática, porque solo así lograremos mantener unida a la sociedad. ¿Necesitamos inmigración u otras políticas económicas y familiares? El mainstream político nos dice que lo primero, empero yo creo que es más lo segundo. Seguramente, necesitemos combinar ambas cosas: una política de inmigración que trate de captar el capital humano que podemos aprovechar con ventaja económica para cubrir nuestras necesidades reales –no las inventadas por los políticos—y una política económica, educativa y familiar enfocada a mantener la población autóctona para poder seguir siendo España. Si seguimos importando millones de extranjeros sin control, sobre todo aquellos ajenos a nuestra cultura, mientras los fallecimientos le dan una paliza a los nacimientos, en pocos años será difícil reconocer a la España en la que vivimos actualmente. A nuestra España. La frontera no discrimina. La frontera garantiza nuestra supervivencia.
España es demasiado pequeña para salvar a un mundo demasiado grande. Se trata de sobrevivir avanzando como sociedad. Sin frontera seremos invadidos irremediablemente. Sin frontera no hay soberanía que valga y, sin soberanía –mira que ya nos queda muy poca—pues seremos como Ucrania o Venezuela: harán con nosotros lo que quieran. La inmigración masiva e ilegal que nos brinda la PPSOE es un brindis al empobrecimiento y a la fragmentación social. Así no sobreviviremos y todo el esfuerzo colectivo de 100 generaciones de españoles para llegar hasta aquí no habrá servido para nada. Implosionaremos desde dentro. No seas necio y reflexiona.
