Hoy, 23 de abril, se celebra en Villalar de los Comuneros (Valladolid) el día de Castilla y León y los 525 años de la derrota de los comuneros, Padilla, Bravo y Maldonado, en la batalla de Villalar (1521) contra las tropas imperiales de Carlos I. Batalla que puso fin a la Guerra de las Comunidades y también… a la vida de los líderes rebeldes. El fondo del asunto es importante porque Castilla y León ha sido pionera en todo: desde el establecimiento del primer Parlamento de Europa (las Cortes de León de 1188) hasta ese levantamiento contra la opresión fiscal y política. Que tanto monta. No se trató de una gesta militar, sino de una gesta política. Los líderes comuneros con un ejército de campesinos se enfrentaron al ejército imperial acaudillado por los nobles que, con una sola carga de caballería sobre Villalar donde aquellos trataban de atrincherarse, aplastó la rebelión, sin perjuicio de que María Pacheco, viuda de Juan Padilla, se mantuviera rebelde en Toledo hasta 1522.
La crisis económica vivida entre 1504 y 1506 terminó desembocando en una situación fiscal insostenible para los castellanos y leoneses –la nobleza y el clero seguían exentos de pagar impuestos– mientras el descontento crecía y crecía en ciudades como Valladolid, Toledo, Segovia, Guadalajara, Zamora y Salamanca. La tensión fue a más en 1520, en las Cortes de Santiago y de La Coruña, donde las ciudades de Castilla y León criticaron las pretensiones imperiales de Carlos I de España y V de Alemania. En esa última sede, presentan un manifiesto redactado por los frailes de Salamanca oponiéndose a las Cortes convocadas por el rey que, con el tiempo, acabaron tratando solamente cuestiones fiscales, por lo que convocaban únicamente a los Procuradores del Común. En esa Corte de La Coruña se plantean tres ideas principales: (i) el rechazo a cualquier nuevo tributo; (ii) la negativa a aceptar la imposición imperial y (iii) la necesidad de que las Comunidades actúen también en defensa de sus propios intereses.
En ese contexto, se desata la Guerra de las Comunidades para exigir cuatro cosas: (i) que el rey residiera en Castilla (Carlos I se había criado en Flandes, no hablaba español, estaba rodeado de una corte de extranjeros y perseguía ser coronado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, sucediendo a su abuelo Maximiliano I, padre de Felipe el Hermoso); (ii) que no sacara dinero del Reino sin justificación y que dejara de financiar sus pretensiones imperiales a costa de los tributos de los castellanoleoneses; (iii) que pusiera freno a la influencia de los extranjeros en la Corte, y (iv) que diera más peso a las decisiones de las Cortes frente al poder real.
La Guerra de las Comunidades del siglo XVI anticipa las revoluciones que se sucederían, por los mismos motivos, a finales del siglo XVIII entre las que destacan tanto la Revolución Americana como la Revolución Francesa. Pese a todo, el Antiguo Régimen, mutatis mutandis, ha llegado hasta nuestros días, a pesar de este intento organizado por las Comunidades en Castilla y León de acabar con la tiranía que siempre es una tiranía político-fiscal. 525 años después, continua la lucha por la racionalidad, la ecuanimidad y la coherencia donde siempre se han enfrentado las únicas dos clases que existen: las ‘clases extractivas’ –los imperantes y su séquito– y las ‘clases paganas’ que corren, como siempre, con los gastos de la fiesta de todos los demás.
Los datos arrojan que, en España, a día de hoy el impuesto sobre la renta y las cotizaciones se llevan más del 40% de la renta anual de los supuestos ciudadanos –más bien súbditos– mientras que si a eso le sumamos el potencial recaudatorio del resto de impuestos directos e indirectos, tasas, multas, arbitrios y demás, tenemos que el sistema extractivo montado por la PPSOE consigue drenar hasta el 70% de la renta que generas anualmente. Por eso yo me pregunto: ¿Dónde están ahora los comuneros? Vivimos un infierno fiscal para que la oligarquía de partidos se lo reparta en su propio beneficio. A todo eso –a ese contubernio partidista y partidario sin controles ni contrapesos de ningún tipo– tienen la osadía de llamarlo democracia y tú, a base de PAMA y NODO, te lo estás tragando sin rechistar siquiera. O te pones las pilas y reflexionas sobre lo que significa una auténtica democracia para pasar a reivindicarlo y perseguirlo, o la tiranía de Carlos I de España y V de Alemania se va a quedar en un juego de niños. Espabila porque España no ha conocido la democracia nunca en su milenaria Historia aunque tú estés convencido de lo contrario.
