El teniente general Manuel Llamas, a la sazón director adjunto operativo (DAO) de la Guardia Civil (GC) nos ha puesto, con sus declaraciones en el Senado, sobre la pista de uno de los males de nuestro tiempo, quizá el peor de todos ellos. El bueno de Llamas, además de estar imputado en la Audiencia Nacional por la comisión, supuestamente, de sendos delitos de prevaricación y obstrucción a la justicia, por poner palos en las ruedas de la UCO en los casos de corrupción que salpican al Gobierno, no solo se niega a dimitir aduciendo que mantiene la confianza de sus superiores –de los mismos políticos a los que investiga la UCO directa o indirectamente– sino que reconoció algo mucho más grave porque está en la base de la corrupción sistémica que arrasa España: que él «se debe a quien le designa».
Sus declaraciones son una oda a esa corrupción: «No voy a dimitir por el momento. Son mis superiores quienes han decidido que me mantenga». «¿Y quiénes son sus superiores? Mi directora general, el secretario de Estado y el ministro». «Entonces, ¿se debe usted a los políticos, no al Cuerpo? Me debo a quien me designa. El cuestionamiento de mi honor no lo establecen terceros, sino yo y mis superiores». Lógicamente, la GC ha salido al paso de semejantes declaraciones calificándolas de inauditas y precisando que la lealtad de cualquier agente y desde luego de los mandos «debe estar siempre al servicio de la ciudadanía y del interés general, no de las personas que ocupan temporalmente cargos de responsabilidad».
En abierta conexión con lo anterior, la cúpula de la GC abrió tres expedientes disciplinarios a miembros de la UCO entre 2024 y 2025, por supuestas filtraciones a la prensa, que, aunque quedaron archivados, para la Fiscalía Anticorrupción no tenían como objetivo «la depuración de eventuales responsabilidades administrativas, sino la generación de un efecto intimidatorio destinado a condicionar el desarrollo de las pesquisas». Por tal motivo, la JUCIL (Asociación Profesional Justicia Guardia Civil) ha reclamado tanto al Ministerio de Interior como al Ministerio de Defensa el cese del bueno de llamas al comprometer el desarrollo neutral de todas las investigaciones, incluida la suya, y porque «no puede haber dos varas de medir: una para los guardias civiles y otra para quienes dirigen la institución», todo en aras de preservar la imparcialidad de la GC.
La corrupción está en el gobierno y, sobre todo, en la Administración. El político de turno puede tener las ideas que quiera para meter la mano en el bolsillo de los españoles, empero nunca podría conseguirlo sin la colaboración de los funcionarios. El honor sigue siendo importante en nuestro tiempo: es la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo (RAE dixit). Algo que el bueno de Llamas no conoce ni ha conocido nunca porque el honor o lo tienes o no lo tienes y, si lo pierdes, ya no podrás recuperarlo nunca. Por eso le tuvieron que recordar que todo funcionario «se debe a la justicia y a los ciudadanos. Quien lo nombra puede cesarlo, pero no compra su conciencia. Si le quedara algo de dignidad, debería dimitir para no seguir mancillando el uniforme».
El mal de nuestro tiempo son esos funcionarios que están locos por bailarles el agua a los políticos y que colaboran y favorecen esa corrupción sistémica del Régimen de la PPSOE que está agostando nuestro futuro. Los muy cretinos consideran, como el bueno de Llamas, que se deben a quien les nombra. ¡Pues no señor! Ustedes se deben a la ciudadanía que les paga y que les provee de un puesto inamovible para que defiendan la Ley y la Justicia. Sin embargo, al carecer de honor y de la mínima conciencia, se venden por dos platos de lentejas y por unos ascensos que hacen que una persona como el bueno de Llamas –no hay más que verlo– pueda llegar a teniente general. Nosotros, la sociedad civil, también tenemos nuestra parte de culpa al seguir votando a personas y partidos que sabemos sobradamente que son corruptos porque han participado en la corrupción. Si seguimos votando a la PPSOE este país no tendrá solución. Buenos días.
