Los fabricantes de coches quieren disparar la rentabilidad de cada unidad vendida. Dicen apoyarse en la tecnología para conseguirlo, pero creo que por detrás existe una rebaja de calidad en cuanto a automoción se refiere. Peores coches a mejores precios y más rentables. Con esa fórmula, los chinos han reventado el mercado europeo porque los consumidores sufren una endemoniada pérdida de capacidad adquisitiva a consecuencia de que el BCE, en lugar de proteger a los ciudadanos de la UE, se dedica a hacerles el caldo gordo a los políticos que intercambian votos por inyecciones constantes de dinero. Sin embargo, la impresión de billetes hace que tú dinero valga cada vez menos y que los precios de los bienes suban por la inflación que conlleva la impresión de billetes.
Los fabricantes quieren volver a los números negros tras la fallida electrificación. Lo conseguirán recortando, para empezar, calidad y plantillas. Volkswagen y BMW anuncian grandes recortes de empleo. Hablan de inversión en tecnología, pero eso no significa coches mejores, sino más pantallas y más pijadas. Más de lo que se ve y menos de lo que no se ve. Leer la ficha técnica y compararla con la de otros modelos es ahora algo imprescindible antes de adquirir un vehículo. Si te descuidas un segundo, te darán gato por liebre. La rentabilidad será a costa de la seguridad y de la fiabilidad del producto. Ándate con mucho cuidado.
Los chinos también han recuperado su mercado interno. Huyen de los sobreprecios europeos. Las ventas se desploman y los chinos amenazan con comerse toda la tarta. Los alemanes se hunden por no ser ni visionarios ni decentes. El problema no es de volumen, como denuncian, sino de precio y valor. Venden muy caros productos que no valen lo que piden por ellos y el mercado se lo está pasando a limpio. Si el problema fuera de volumen, Toyota, el mayor fabricante del mundo, estaría en la ruina en lugar de nadando en la abundancia. Sus productos valen y su precio se ajusta a ese valor.
Los recortes alemanes amenazan con llevarse a SEAT por delante. La están dejando caer, mientras apuestan por la pijada y el sobreprecio de CUPRA. Una apuesta arriesgada porque va contra la tendencia del mercado. La lucha va a ser encarnizada en un mercado mundial intervenido por los aranceles. Las pijadas han ganado durante muchos años. Ahora parece que vuelve la racionalidad. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Toyota combina lo mejor de siempre: eficiencia en la fabricación y precios competitivos. Los europeos están siendo vapuleados por los chinos que se han anticipado en términos de fabricación y calidad-precio.
España está muy expuesta porque tiene muchas fábricas, aunque son de multinacionales extranjeras. Sin inversiones, corremos el riesgo de que la producción vuelva al país de la matriz. La pequeña electrificación, un software eficiente con motores sencillos y un producto aparente es la apuesta ganadora de los chinos. Tienen una calidad-precio muy rentable. Los europeos ya van tarde y tratan de forjar alianzas. Volkswagen se enrolla con Xpeng y SAIC. Stellantis hace lo propio con Dongfeng y Leapmotor, y Renault con Geely. Los chinos aprovechan la capacidad industrial infrautilizada en Europa –porque estos listos se fueron a fabricar a China– y, además, acceden al mercado europeo como fabricantes locales. Creo que están metiendo a la zorra en el gallinero.
La falta de visión se ha conjugado con una normativa europea nefasta. La descarbonización en Europa no tiene sentido si China sigue contaminando a tope y todos vivimos en el mismo planeta. La regulación medioambiental europea ha condicionado a la industria y ha comprometido su rentabilidad. Gracias a los cretinos de Bruselas –que es muy probable que hayan sido sobornados– China avanza sin control en todos los mercados y, especialmente, en el de la automoción. El sector ha pasado de pelotear a los políticos –todavía recuerdo los anuncios de Mercedes– a clamar por un cambio del marco regulatorio. A buenas horas, mangas verdes.
La solución pasa por replantearnos Europa al completo. La actual UE es un bluf. Además, es profundamente complicada e irracional. Demasiada intervención. Cada día se parece más a la antigua URSS. El resultado es la creciente ruina de los ciudadanos europeos, porque los imperantes y su séquito se ponen de grana y oro gracias a las regulaciones de Bruselas. O vamos a una unión real y racional, o recuperamos nuestra soberanía y que cada país aguante su vela. No podemos seguir en un mercado común falso, sojuzgados por una normativa irracional. Necesitamos un replanteamiento completo. Más capitalismo y libre mercado y menos socialdemocracia. De lo contrario, USA y China se quedarán con todo.
