La verdad más cruda empieza aflorar y los resultados del desgobierno Comunista no pueden ser más descorazonadores para todos los españoles. Por una parte, la economía española se ha hundido en el 2T2020 en un 18,5% respecto al trimestre anterior (un 22,1% en términos interanuales) cuando las peores previsiones apuntaban a un ya escandaloso 15%. Esos datos recogen las caídas del 21,2% en el consumo de los hogares; del 22,3% en la inversión global y del 33,5% en las exportaciones. Frente a eso, el tan cacareado Gasto Público con el que el Desgobierno Comunista juró no dejar a nadie atrás, sólo creció un 1,8% en el 1T2020 y un 0,4% en el 2T2020. Más mentiras.
En términos comparados las distintas acciones emprendidas por los distintos gobiernos han arrojado resultados muy diferentes: en Italia la caída del PIB se quedó en el 12,4% mientras que Francia y Portugal han tenido peores resultados (el 13,8% y el 14,1%, respectivamente). En la denostada USA y a pesar de presentar un modelo tan criticado la caída se ha quedado en el 9,5% que ya quisieramos nosotros mientras la media de la UE se sitúa en el 11,9% en el mismo periodo. Por lo tanto, el peor confinamiento con los peores resultados es para España. ¿Habremos triunfado en lo sanitario? Tampoco. Los 50.000 muertos y muertas acumulados en la realidad (48.500 según Eurostat y 28.443 según el Ministerio de Sanidad) nos colocan a la cabeza de la UE en tan macabra estadística a pesar de que los países comparables tienen poblaciones muy superiores a la nuestra (44.900 fallecidos en Italia; 27.800 en Francia y 11.300 en Alemania). En resumen, el peor confinamiento, la mayor caída del PIB y el mayor número de fallecidos convergen en un solo país: España. Y el Desgobierno Comunista se aplaude a sí mismo.
La nefasta gestión realizada sin comité de expertos ni nada de nada lo fio todo a un confinamiento de corta y pega sin atender a ninguna razón y sin adaptar las medidas a la especial idiosincrasia de nuestro país y sus inútiles CCAA. El resultado habla por sí mismo. Y el partido no ha terminado. Esta crisis sistémica que padecemos por culpa de nuestra clase política no tiene visos de desaparecer sino todo lo contrario: de agravarse. Sólo un cambio de todo el sistema impulsado por la sociedad civil podría salvarnos. Lo demás son cuentos.
