De la libertad a la intervención. De cuando una iniciativa se podía llevar a cabo más o menos sin cortapisas atendiendo preferentemente al mercado a cuando todo necesita primero el plácet de los políticos. A Florentino, en esta ocasión, se le ha olvidado esto y lo acaba de pagar con un ridículo de campeonato.
Los políticos con los que no se ha contado previamente han puesto en marcha su maquinaria para destrozar la iniciativa de la Superliga y lo han conseguido en 48 horas. Todos los estamentos del futbol y mediáticos se han puesto en marcha para denostar la iniciativa con muy variados argumentos (p.e. que va contra la igualdad, contra la justicia, contra los méritos, contra la competición, etc…) con el denominador común que todos ellos son falsos de toda falsedad.
En España –supongo que en el resto de Europa igual- funciona La Liga que es exactamente lo mismo que la Superliga que ahora reprueban. Un club cerrado que organiza una competición al margen de la RFEF. Ahora un conjunto de clubes querían crear una superestructura para intentar sacar adelante sus Sociedades Deportivas –que nos cuestan ahora mucho dinero porque gozan de infinitas ayudas públicas en dinero y en especie- gestionando sus derechos de imagen. Exactamente igual que La Liga. Pero nadie dice nada de La Liga. Porque la estructura de poder que es La Liga sí obedece a los políticos que la tutelan y manejan.
La Superliga busca la supervivencia económica de los grandes clubes que son los que generan el espectáculo –porque esto ya entra en el mundo del espectáculo- y los ingresos por lo que quieren reconducir el flujo del dinero que generan y que, en parte, se pierde en los entresijos de esas Administraciones llamadas RFEF, UEFA y FIFA. Quieren gobernar su destino y ser libres. Exactamente igual que hizo entonces La Liga y exactamente igual que también hizo la Superliga Europea de Baloncesto para competir con el espectáculo mundial en que se ha convertido la NBA.
Nos hablan de falta de igualdad de competición y por ende de falta de justicia y de que el deporte es de los aficionados pero lo más cierto es que estos grandes espectáculos deportivos que son las grandes competiciones de cualquier deporte son precisamente los niveles más competitivos que existen y precisamente por eso generan las mayores audiencias de aficionados porque es el nivel que realmente entretiene. El resto es para los fans de un equipo o de otro y para eso están las competiciones domésticas en todo tipo de categorías y deportes cuya organización corresponde a las distintas federaciones. El espectáculo es otra cosa. Un ejemplo claro es el Súper Rugby, una competición cerrada a base de franquicias que genera un espectáculo deportivo seguido por millones de espectadores en los cinco continentes. Por debajo están las competiciones nacionales que se celebran sin ningún tipo de problema y que nutren de talento a ese espectáculo. Por eso todo lo que están ahora diciendo en contra de la Superliga de Fútbol es un cuento.
En el futbol no existe competición real hasta la fase final de La Champions porque los grandes clubes dominan las competiciones nacionales y se reparten los títulos entre ellos sin apenas opción de terceros al tener unos presupuestos que multiplican por mucho los de sus oponentes ¿Esta es la competición que quieren defender? Lo cierto es que si quieren regular de una vez por todas el deporte para que se compita en igualdad y no se tire el dinero, la única solución es la del límite presupuestario para cada categoría y deporte que ya se usa con éxito en muchas competiciones. Esto, además, permitiría que el dinero público saliese de los deportes profesionales, particularmente del futbol, y se destinase al deporte base. El resto es todo mentira, intervencionismo y otro golpe a la libertad de empresa.
