China, principal productor de óxido de magnesio (MgO), materia prima generada a partir del mineral y que se utiliza en un sinfín de sectores, ha decidido limitar las exportaciones del mismo contribuyendo un poco más a esta crisis de materias primas que amenaza con provocar cierres en numerosas industrias sobre todo en el Viejo Continente (el 95% de ese MgO que se utiliza en España viene de China). En este contexto, España destaca con un 3% de la producción mundial de este mineral y es uno de los pocos lugares de Europa -junto con Grecia, Austria y Eslovaquia- con reservas con posibilidades de extracción de este mineral (solo hay 12 países productores en el mundo). No obstante, una de las únicas tres minas abiertas en España (Lugo, Navarra y Soria), concretamente la de Borobia (Soria), mantiene un pulso constante con alguno de sus vecinos.
Borobia, un pueblo de apenas 300 habitantes situado en la falda suroccidental del Moncayo, está en guerra con su mina a cielo abierto (aprobada en 2007, en explotación desde 2015, con una vida útil de 33 años y un potencial de extracción de 250.000 Ton/año) mientras el mineral que allí extraen resulta fundamental tanto para España como para la independencia mineral de Europa. Algo se está haciendo mal por las dos partes.
En pleno debate sobre la España Vaciada a algunos vecinos de Borobia no les parece bien tener la mina. Es cierto que les vendieron el oro y el moro (puestos de trabajo en el pueblo, infraestructuras, desarrollo…) y que la realidad es mucho más prosaica (de los 15 operarios, solo uno es del pueblo) mientras los 50 camiones diarios en lugar de transitar por una salida alternativa –que al final no se hizo- pasan junto al casco urbano agrietando tanto el asfalto como algunas casas. Todo según los vecinos que se oponen que también acusan a su propio ayuntamiento de colaboracionista (arreglan lo que deterioran, no les pone coto y todo para un canon de explotación bajísimo). Destacan que “pusieron la mina después de perder un referéndum y convencer a la siguiente corporación con todo tipo de promesas y campañas de publicidad aprovechando el miedo a la desaparición, se les dieron unas condiciones muy favorables y aun así sigue habiendo problemas con la contaminación de los ríos, destrozo de las carreteras, afección a las tierras, a los acuíferos y al paisaje… Y encima ahora quieren duplicar la explotación con una concesión de 15 años«.
La mina soriana es propiedad de MAGSOR (Magnesitas Sorianas), propiedad, a su vez, de MAGNA (Magnesitas Navarras) que pertenece a ROUILLER, un grupo agrario francés, que también controla la mina de Eugi en Navarra. Desde MAGNA defienden el valor estratégico de la mina y su contribución al desarrollo de la zona reconociendo que «obviamente, hay muchas cosas que mejorar, pero es un material mucho más necesario de lo que incluso llegamos a imaginar, todos lo necesitamos para nuestro día a día y estamos ayudando al desarrollo de la comarca» y más concretamente al ayuntamiento «con todo tipo de proyectos. Reacondicionamiento de edificios, construcciones, mejoras de infraestructuras, llegada de nuevas familias al municipio… Es verdad que tenemos que ayudar a fijar población con la gente que viene a trabajar a la mina para que se establezcan, no obstante, estamos en ello. Solo llevamos seis años con la explotación«.
El magnesio es una fuente de riqueza clara con la tonelada de óxido de magnesio a 24.000$ aunque ese mineral de magnesita debe pasar por un proceso de calcinación para generar el perseguido óxido que luego se usa en la industria. MAGSOR quiere ampliar sus instalaciones y propone construir la fábrica de calcinación también en las faldas del Moncayo para generar más riqueza y empleos en la comarca, aunque reconocen que tienen «un problema, porque en la zona apenas hay mano de obra, pero la idea es atraerla y que se asiente aquí» mientras algunos de los vecinos de Borobia se oponen diciendo que «nos van a meter aquí una fábrica en medio de la montaña. Es verdad que la magnesita en sí no es contaminante, es más, se puede usar para purificar las aguas, pues rodea los acuíferos. Pero van a destrozar todo el paisaje y encima para 15 años o así. ¿Luego qué?«.
España tiene una riqueza mineral impresionante (posee además de magnesita, hierro, plomo, plata, cobre…) y otros recursos con los que hacerse más fuerte e independiente del exterior, pero todo ese desarrollo tiene un precio y cuando toca pagar algo nadie quiere saber nada. No pasa sólo en Soria, pero aquí es más sangrante porque es la provincia más deshabitada de España (es un desierto poblacional). Se critica el modelo de explotación, pero lo más cierto es que cada territorio tendrá que agarrarse a sus recursos para sobrevivir ya sean minas, aerogeneradores o macrogranjas. Eso no quiere decir que se pueda hacer cualquier cosa. Todos esos proyectos se deben ejecutar con todas las medidas de seguridad y medioambientales, pero deben hacerse. Es eso o desaparecer, sobre todo en Soria. Finalmente, tampoco es cierto que ese territorio pertenezca únicamente a los vecinos de turno, sino que pertenece a todos los españoles.
En definitiva, no existe solidaridad territorial ni un proyecto para España, sino que cada terruño pretende un desarrollo a la medida de sus necesidades sin tener en cuenta nada más, posición que además de imposible solo supone un sí a la despoblación –y lo van a conseguir- en lugar de hacer las cosas bien hechas, aprovechando los recursos que tenemos en beneficio de todos con la esperanza de dichas acciones contribuyan a revertir ese mantra de la España Vaciada –en aquellos lugares en donde sea posible, claro está- en lugar de llenarse la boca con propaganda mientras, en realidad, por esa España Vaciada no lucha nadie. Ni siquiera los interesados.
