Tras los problemas de suministro que se pusieron de manifiesto con la pandemia, la Invasión de Ucrania viene a destapar, de forma definitiva y al margen de otras cosas, la dependencia estratégica de países ajenos al Mundo Libre y, particularmente, la vulnerabilidad energética de España y de la UE, por lo que la suma de ambos factores, a buen seguro, supondrá la búsqueda de nuevos proveedores más fiables al margen de las dictaduras comunistas y, en esa reconstrucción de las cadenas de producción y aprovisionamiento, habrá un giro progresivo hacia Occidente, esto es, hacia los EEUU, al menos en todo lo que resulte estratégico, para no seguir alimentando y para no depender de monstruos como Rusia y China, cuyo desarrollo y crecimiento se debe por entero a la externalización llevada a cabo por las economías occidentales desde los años 80, esto es, al fenómeno conocido como “Globalización” que ahora llega a su fin.
EEUU, UK, la UE y todos sus socios no van a volver a permitir que la Dictadura Comunista de Rusia, que tiene una economía subdesarrollada y un modelo basado exclusivamente en la explotación y venta de sus recursos naturales, genere recursos con las compras que le hace el Mundo Libre para luego, con ellas, financiar acciones contra el mismo. Si las sanciones del 2014 –mucho más leves- ya hundieron su renta per cápita un 40%, pasando de los 15.000$ que tenían en 2013 a los 9.000$ con los que se quedaron en 2015, ahora, las nuevas y mucho más contundentes sanciones aplicadas por la cruenta invasión de Ucrania, provocarán el hundimiento de su frágil economía que pasará directamente a depender de China. En ese mismo sentido, tampoco se va a permitir que la Dictadura Comunista de China siga generando recursos gracias a la globalización del Mundo Libre con los que luego atentar, mediata o inmediatamente, contra el mismo. Ese cambio, incidirá profundamente en el modelo económico chino, basado en la acumulación de factores de producción, que ya empieza a tener rendimientos decrecientes y que está desplazando a la India a las industrias intensivas en mano de obra por la baja productividad del trabajador medio chino que no alcanza el 33% de la productividad del trabajador occidental medio. Ambas Dictaduras Comunistas son, en el fondo, economías atrasadas donde una parte significativa de su población, particularmente la que vive en su interior, está más cerca del siglo XIX –o anteriores- que del XXI, teniendo precisamente en sus respectivos y trasnochados sistemas políticos la principal barrera a su desarrollo y el mayor peligro para el resto de países.
Estos acontecimientos, sin duda, van a cambiar todos los modelos económicos e, inmediatamente, van a revolucionar dos sectores: (i) el Sector de la Energía porque la UE se va a poner las pilas para optimizar tanto la generación como el consumo de la energía postergando la descarbonización –ridícula en una zona de las más verdes del Mundo-, optimizando la compra de gas y volviendo la mirada a la energía más verde y eficiente del mundo: la nuclear (Alemania ya está quemando carbón a toda máquina) y (ii) el Sector de la Defensa en el que va a entrar dinero a raudales desde todos los países que conforman el Mundo Libre que, con la invasión de Ucrania, le han visto las orejitas al lobo y ahora están dispuestos a rearmarse para que no les pasen fácilmente por encima. En definitiva, que el fin de la globalización nos va a afectar a todos y todos debemos apostar por servicios y productos provenientes del Mundo Libre, rechazando de forma categórica cualquier producto o servicio que provenga, siquiera parcialmente, de países comunistas. Dicho queda.
