Siempre ha habido alarmistas –normalmente interesados– pero nunca hubo tantos alarmados como ahora. Alarmados por todo. Dentro de esos alarmismos –ha habido muchos- sobresalen dos: (i) el de la superpoblación, cuando vieron que la población mundial, entre el siglo XIX y el XXI, se multiplicaba por ocho (de 1.000 a 8.000 millones), aprovecharon para señalar que el Planeta no podría sostener a ese ingente número de personas, sin reparar en que, a la vez, la pobreza había caído de forma drástica (del 90% al 10%), mientras el PIB Mundial se disparaba. Ahora el problema para muchos países –España incluido- es que les falta gente propia porque tienen unas bajísimas tasas de natalidad, muy por debajo de la tasa de reposición fijada en 2,1 nacimientos por mujer (Japón 1,34; Italia 1,24; España 1,19, y Corea del Sur 0,78, son los cuatro peores), y (ii) el del cambio climático, aún en vigor, que está basado -como el anterior- en proyecciones matemáticas que se venden, posteriormente y a base de propaganda, como evidencia científica –sin serlo- para modificar en su beneficio la conducta de las personas. Estén bien tranquilos los que lean este artículo porque ninguno se verá afectado por nada de esto así que pueden hacer su vida con normalidad y sin preocupaciones.
Precisamente, para que el malaje no decaiga, estos agoreros vuelven ahora a la carga con que la producción de alimentos es insostenible y que va a acabar con el Planeta –como siempre- por lo que proponen una nueva medicina medicinal que han dado en llamar ‘Renaturalización’, esto es, que el hombre abandone el entorno rural, restringiendo agricultura y ganadería, para permitir que la vida salvaje regrese y restaure los ecosistemas a gran escala, evitando el colapso ambiental. Es el nuevo producto de la religión ‘ecolojeta’ que predica una sumisión del hombre a la naturaleza que ellos, por supuesto, controlarán. Ese nuevo animalismo, sin embargo, no se puede aplicar al hombre a pesar de que éste resulte también ser un animal, aunque sea racional. La solución que aportan es alimentarnos (sic) de «microbios, hongos y bacterias«, como si éstos no fueran también animales. Tenemos, de verdad, que mandar a freír espárragos a cualquiera que intente vendernos esta basura.
Yo me quedo con una PESCANOVA que ha anunciado su intención de construir la primera granja de pulpos del mundo en Las Palmas de Gran Canaria gracias al desarrollo de una pionera técnica para criar pulpos en cautividad a gran escala que le permitirá producir unas 3.000 toneladas al año de un producto que ha disparado su consumo y su precio en los últimos años. Sin embargo, se han topado con estos sinvergüenzas animalistas – con EUROGROUP FOR ANIMALS a la cabeza del lobby- que quieren sabotear esta iniciativa sobre la base de que los pulpos son inteligentes –como el pulpo paul– y de que el método de sacrificio, con una mezcla de hielo, resulta cruel, a pesar de que la norma española UNE 173300 lo contemple como una opción permitida y de que la legislación europea exija solo un aturdimiento previo antes del sacrificio. Este lobby denuncia que los pulpos estarán «confinados en tanques submarinos abarrotados» (con el riesgo de que se agredan), que serán expuestos “a luz antinatural las 24 horas del día para aumentar la reproducción, lo que provocará un estrés indebido» y que la OIE y la EFSA prefieren el aturdimiento por percusión o el eléctrico. PESCANOVA, en declaraciones al National Geographic, señaló con los pies en la tierra que es «un proyecto perfectamente viable» y que «debería ser un orgullo para España, porque es un hito científico alcanzado por científicos españoles, desarrollado por una empresa española y en suelo español. No hay motivos para que no salga adelante. Es más, esto es una carrera desde hace muchísimo tiempo. Si no lo hacemos nosotros, lo van a hacer otros» porque estamos ante un alimento que ha multiplicado por 10 su consumo desde 1950 (actualmente se capturan 400.000 Ton/año).
Seguramente detrás del lobby animalista esté, en este caso, Marruecos –siempre nuestro amigo Marruecos- que es uno de los principales exportadores mundiales de pulpo y uno de los países más reconocidos por el exquisito tratamiento que dispensa en su territorio tanto a las personas como a los animales. No hagan ni caso, apuesten por lo español y rechacen a todos los animalistas y ‘ecolojetas’ que se encuentren.
