La ciudad suiza de Davos es famosa por la celebración del Foro Económico Mundial que reúne, desde el 91, a los principales líderes políticos y empresariales del mundo para analizar los problemas a los que nos enfrentaremos. Esta es la teoría. La noticia este año está en el discurso pronunciado por Javier Milei en defensa del capitalismo de libre mercado y de la libertad advirtiendo, con acierto y rotundidad, que Occidente está en peligro por culpa del socialismo y que la única receta posible para acabar con la pobreza es el capitalismo de libre mercado.
Un discurso que choca frontalmente con la Agenda 2030 que desde hace años impulsa ese ‘Foro de Davos’ apostando por el intervencionismo estatal e incluso por el decrecimiento, priorizando objetivos de marcado sesgo socialista sobre los que Milei advirtió que “aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo y, en consecuencia, a la pobreza«. Después, abrió la caja de Pandora afirmando que «los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa» mientras “el capitalismo de libre empresa como sistema económico es la única herramienta que tenemos para terminar con el hambre, la pobreza y la indigencia a lo largo y a lo ancho del planeta. La evidencia empírica es incuestionable«.
Milei prosiguió afirmando que «el capitalismo es justo y moralmente superior, su implementación llevó al mundo a ser más rico, libre, pacífico y próspero que en cualquier otro momento de la historia» y que «la doxa de izquierda ha atacado al capitalismo por cuestiones de moralidad, por ser, según dicen sus detractores, injusto. Dicen que el capitalismo es malo porque es individualista y que el colectivismo es bueno porque es altruista, y en consecuencia bregan por la justicia social«, sin embargo, «la justicia social no sólo no es justa, sino que tampoco aporta al bienestar general. Muy por el contrario, es una idea intrínsecamente injusta, porque es violenta. Es injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva ¿o acaso alguno de nosotros puede elegir no pagar impuestos? Lo cual significa que el Estado se financia a través de la coacción y que, a mayor carga impositiva, mayor es la coacción«.
«Créanme: nadie mejor que nosotros, los argentinos, para dar testimonio. No existen fallos cuando se implementan políticas de mercado a excepción de que haya existido una intervención estatal. Inexorablemente, por desconocer el mercado, cada vez que quieren solucionar lo que consideran un fallo, estarán abriendo las puertas al socialismo y condenando a las personas a la pobreza«. Esto es lo que afirma Milei para luego preguntar: «¿por qué digo que Occidente está en peligro? Digo que Occidente está en peligro justamente porque en aquellos países que debiéramos defender los valores del libre mercado, la propiedad privada, y las demás instituciones del libertarismo, sectores del establishment político y económico, algunos por errores en su marco teórico y otros por ambición de poder, están socavando los fundamentos del libertarismo, abriéndole las puertas al socialismo y condenándonos potencialmente a la pobreza, a la miseria y al estancamiento» y cursaba una invitación «a los países de Occidente a retomar el camino de la libertad. No se dejen amedrentar por la casta política y los parásitos que viven del Estado«.
Remataba su discurso con que «lo más cruel de la agenda ambiental es que los países ricos, que se hicieron ricos explotando legítimamente sus recursos naturales, ahora pretenden expiar sus culpas castigando a los países más pobres e impidiéndoles desarrollar sus economías por un presunto crimen que no cometieron» y que la Argentina es el testigo de que, independientemente de “cuántos recursos naturales tengás, no importa cuán capacitada esté la población, ni cuán educada sea, ni cuántos lingotes de oro haya en las arcas del Banco Central, si se adoptan medidas que entorpecen el libre funcionamiento de los mercados, la libre competencia, los sistemas de precios libres, si se entorpece el comercio, si se atenta contra la propiedad privada, el único destino posible es la pobreza«.
Esto debería ser la biblia del ciudadano moderno.
