En el 5º aniversario de la pandemia por el COVID-19 quiero comentar un Informe del Congreso de los EEUU que concluye que “el origen del virus fue político y que no había base científica para los confinamientos ni para las mascarillas”. Tras casi dos años de investigación, el Congreso emite ahora un informe de 500 páginas que resume todo lo actuado en las 25 sesiones celebradas en el Capitolio. En el mismo, reparten estopa a diestro y siniestro, criticando desde la actuación del Gobierno Federal, por financiar durante años al laboratorio de Wuhan, pasando por la anterior Administración Trump, por no proteger a los trabajadores, hasta al propio Congreso, por aprobar medidas sin respaldo científico. Un Informe que deja a todo el espectro político retratado.
Las conclusiones se pueden resumir en estos cuatro puntos: (i) Que “nunca hubo una justificación científica para encerrarnos en casa”; (ii) Que tuvo un origen político: no fue un capricho de la naturaleza, sino de un laboratorio operado por China y EEUU; (iii) Que el mayor negocio de la política es la muerte y que el COVID-19 lo vuelve a poner de manifiesto, y (iv) Que no fue casualidad que el virus se escapara en ese momento. La medida del distanciamiento social, destacan, ‘simplemente apareció’, sin otro fundamento científico que ‘¿y por qué no?’. La distancia social fue premeditada para entorpecer o anular las interacciones y conseguir así bloquear a la sociedad: fue una decisión política arbitraria para controlarnos más allá de la Ley.
Los confinamientos, lejos de ahorrar vidas, tuvieron un enorme coste en términos de salud pública y económicos, al detener el normal funcionamiento de la sociedad y de su economía. Tampoco hubo una base científica detrás de la decisión de taparnos la boca con mascarillas, antes al contrario, todas las evidencias apuntan a que no sirven para nada a esos concretos efectos. Lo que sí propiciaron las mascarillas fueron pingües beneficios particulares al calor del dinero público descontrolado en todos los sentidos. Las vacunas nunca evitaron la transmisión del virus por lo que su aprobación fue asimismo arbitraria y su obligatoriedad tuvo como único fundamento ejercer un poder absoluto sobre la población. Todo ello, conjuntamente, tuvo consecuencias negativas para nuestra salud y nuestra economía. Además, supuso un ejercicio totalitario global donde todos los derechos y libertades fueron directamente pisoteados con la aquiescencia de una sociedad manipulada para la ocasión.
Al margen de todo lo anterior, hoy no cabe duda de que los gobiernos nos mintieron y nos siguen mintiendo. También la OMS, que se plegó a las recomendaciones chinas. Nos mintieron casi todos, incluidos los medios de comunicación. Se limitaron –como casi siempre—a ser una correa de transmisión del poder. También censuraron todos los mensajes críticos con el discurso oficial sobre el origen de la pandemia y las políticas adoptadas y, por eso mismo, la sociedad empezó a desconfiar de los grandes medios de comunicación ampliando sus bases de información. Cancelaron a todos aquellos que se opusieron a tales desmanes, ora con argumentos escépticos ora con argumentos científicos, tildándolos de ‘negacionistas’ y/o ‘conspiranoicos’. Y aún siguen.
Lo más cierto es que los gobiernos cada día mienten más. Cada vez estamos más lejos de una auténtica democracia donde impere la Ley y la separación de poderes y la transparencia. Los gobiernos son cada vez más oscuros, menos transparentes, y operan cada vez más al margen de la Ley, sin que la sociedad tenga los mecanismos necesarios para controlarlos y, llegado el caso, corregirlos. Se trata de gobiernos autoritarios que aspiran a ser totalitarios, a gozar de un poder omnímodo para hacer lo que les dé la gana, sin sujeción a nada ni a nadie. Solo así se entiende la desvergüenza de hablar de un ‘Comité Científico’, que supuestamente informaba las decisiones del Gobierno Sánchez en pandemia, cuando después reconocieron que no existía nada al margen de esa marioneta llamada Simón cuyo único empeño fue convencernos de la bondad de cada decisión que tomaba el gobierno a sabiendas de que solo se trataba de ‘ocurrencias’ sin ninguna base científica. ¿Esto es democracia? Háztelo ver.
