Hacer ejercicio es clave para perder peso. Esto es lo que nos llevan vendiendo toda la vida. Sin embargo, ahora, Herman Pontzer, un antropólogo de la Universidad de Duke, ha comparado el gasto calórico de los miembros de la tribu Hadza, un grupo de cazadores-recolectores de Tanzania, con el gasto calórico del trabajador de oficina de EEUU. En su estudio –plasmado en su libro ‘Burn’- ha formulado el ‘Modelo de gasto total de energía restringido’ donde pone de manifiesto que el gasto total para ambos grupos, los tanzanos y los yanquis, era casi idéntico lo que sugiere que el cuerpo humano ajusta su consumo calórico dentro de un rango estrecho y redistribuye el consumo de la energía por las distintas funciones biológicas en lugar de, simplemente, quemar más calorías cuanto mayor sea la actividad física.
Herman Pontzer, en definitiva, enuncia la ‘Paradoja del Ejercicio’ o ‘Paradoja del Entrenamiento’ por la que la actividad física, aunque esencial para mantener la salud, no necesariamente conduce a una pérdida de peso significativa o a un mayor gasto de calorías, superando la creencia común de que, a mayor ejercicio, mayor consumo de calorías, para lograr una pérdida de peso. Este estudio desmonta varias ideas erróneas sobre el metabolismo que regula tanto la generación de energía, a partir de los alimentos, como su consumo en funciones esenciales (respiración, circulación, temperatura, etc…) y no esenciales.
En primer lugar, denuncia el mito de que ‘los hombres tienen un metabolismo más rápido que el de las mujeres’. Afirma que, comparados dos individuos iguales, el gasto energético es el mismo, independientemente del género. En segundo lugar, denuncia que ‘el metabolismo se ralentiza drásticamente en la mediana edad’. Según los estudios realizados en miles de adultos, el metabolismo se mantiene estable entre los 20 y los 50 años, sin cambios significativos, después de ajustarse a un tamaño corporal estable y básico. La desaceleración real solo ocurre pasados los 60 o los 65. El nivel más alto de calorías totales quemadas se da a finales de nuestra adolescencia, aunque nadie quema tantas calorías como un niño de 3 o 4 años. No obstante, al tratarse de células pequeñas, las calorías totales siguen siendo también bastante ‘bajas’ en comparación con las de un adolescente de 17 o 18 años.
¿Por qué, entonces, muchas personas van aumentando de peso en la edad adulta? El problema está en la ingesta. Vamos creando hábitos alimenticios poco saludables que generan pequeñas ganancias de peso que ya no se pierden. La comida actúa como un gran descongestivo emocional que contribuye a regular más nuestro estrés que nuestro peso. ¿Significa eso que el ejercicio físico es inútil para perder peso? No exactamente. Si uno hace ejercicio hoy, quemará más energía hoy. Y poco más. Nuestro cuerpo encuentra formas de gastar menos en otras funciones. Por eso, lo verdaderamente transformador es un cambio de hábitos: tenemos que regular nuestra alimentación y ponerla en relación con el ejercicio realizado de forma regular. Eso consigue, a la larga, que nuestro cuerpo se reajuste, empero sin quemar más calorías en general. Esos reajustes suponen reducir la inflamación, mejorar la salud cardiovascular y aumentar la resistencia al estrés, ayudando así a cambiar los hábitos alimenticios y a mantener el peso una vez que se van perdiendo los kilos de más.
¿Se puede tener un metabolismo de 20 años a los 50? Olvídate. No existen alimentos o píldoras para acelerar el metabolismo. Las dietas bajas en carbohidratos o aquellas altas en proteínas, o cualquier otra variación, no han mostrado diferencias significativas en cuanto a la cantidad de calorías quemadas por día. El cerebro consume mucha energía diariamente —el equivalente a correr 5 kilómetros— pero ese consumo no depende de pensar más o menos. La digestión consume alrededor del 10% de la energía ingerida pero no sirve para jugar con la ingesta de calorías. El metabolismo humano está altamente regulado y es adaptable. La clave para controlar el peso reside más en la alimentación que en el ejercicio. La actividad física sigue siendo fundamental para la salud en general, pero su impacto en el peso es relativo. El sedentarismo nunca es un buen plan. Aprende de todo esto y no te dejes engañar por los cantos de sirena o las dietas milagro.
