Entramos de lleno en una Semana ‘Santa’ que, entre todos, hemos reducido a los desfiles o procesiones. Siempre me ha llamado la atención esa manía tan humana de desfilar a cuento de lo que sea. Desde los majestuosos desfiles nazis –otra cosa no, pero esos tíos bordaban los desfiles–, pasando por otros más desenfadados como los del ‘orgullo gay’, hasta llegar a los desfiles religiosos que, aunque trufan nuestra geografía durante todo el año, destacan sobremanera en Semana Santa y Navidad. El hecho religioso, antaño profundo en España, ha desaparecido casi por completo, empero a cambio se ha disparado la afición por desfilar en Semana Santa, una afición que moviliza a millones de personas en España, casi como el futbol.
Llevo tiempo pensando en cómo, cuándo y dónde se disparó tal afición mientras el hecho religioso –que supuestamente está detrás– se diluía casi por completo. Resulta cuando menos curiosa esa disociación actual entre el desfile y lo religioso. Si preguntamos a cualquiera de los participantes, sobre todo a los más jóvenes, nos daremos cuenta de que lo que les mueve a salir desfilando con las distintas cofradías tiene muy poco que ver con el fervor religioso. No van de la mano. Las procesiones suman adeptos a la misma velocidad que la Iglesia pierde feligreses. Mientras las iglesias de todo el país, con honrosas excepciones, languidecen durante todo el año, los desfiles de Semana Santa y Navidad se llenan hasta los topes. La Iglesia Católica –siempre metida en todo menos en lo que le corresponde— vende ahora esos desfiles como si se tratara de carreras populares. El deporte es muy sacrificado, pero salir a lucirte es otra cosa.
Estamos ante el enésimo triunfo de la disociación. Con el tiempo han conseguido separar el hecho religioso de las procesiones. El hecho religioso se vende a duras penas –más aún con el ejemplo que da la Iglesia muchas veces— pero los desfiles se venden como churros. Salir a lucirse y presumir de disfraz interesa cada vez a más gente. Son contenidos para las RRSS. ¡Hazme una foto con el Cristo, copón! A Dios todo esto le parecerá lo mismo que el ‘Becerro de Oro’ (Éxodo 32), empero a nuestros pastores y a la gente en general les parece cojonudo porque es otra manera de mantenerse en el ‘candelabro’, aunque lo religioso no le interese ya a casi nadie.
Claro que queda gente interesada en el hecho religioso, pero son los menos. Los más, actúan disociados. El hecho religioso siempre fue algo controvertido: de ahí el sinfín de congregaciones e Iglesias y, de ahí también, la necesidad de un Concilio de Nicea para construir un relato eficaz, haciendo coincidir las fiestas religiosas con las festividades paganas anteriores para darles legitimidad. A mí la disociación religiosa me da igual, porque entiendo que es algo privado, a mí lo que me preocupa es la disociación política porque abre la puerta a que el ciudadano pueda disociarse de las normas de convivencia, de la Ley, creyendo que puede vivir libremente sin sujetarse a ninguna norma, ni legal ni moral. Esa disociación permitiría a la PPSOE construir un Estado Totalitario donde la Ley serían únicamente ellos, mientras los ciudadanos se verían desprovistos de todos los derechos y las libertades individuales. La disociación les permite venderte ideas como que los votos –ni siquiera los de la mayoría– están por encima de la Ley. Sin coherencia y sin principios políticos desfilas cada mañana al trabajo celebrando una democracia que no existe y la confiscación de tus rentas. ¿Lo ves ya o no quieres verlo?
Al igual que salir en procesión disfrazado de nazareno no pega ni con cola con vivir una vida alejada de los Diez Mandamientos, celebrar una democracia que no existe –porque no hay separación de poderes ni representación— hace que, en realidad, estés celebrando tú derrota a manos de los políticos. Exactamente igual que esas procesiones llenas de gente no se corresponden para nada ni con lo religioso ni con la Iglesia, seguir votando a la PPSOE no se corresponde con ningún ejercicio democrático ni tiene nada que ver con un Estado de Derecho. Supone exhibir tú derrota como ciudadano a manos de los políticos. Permitir que los políticos campen por sus respetos, sin sujeción a la Ley y sin responsabilidad de ningún tipo y que no exista ni representación personal ni separación de poderes va a dar al traste con todo lo que tenemos. Espero y deseo que esa disociación que por lo menos vislumbras al leer este artículo, te conduzca a abandonar el desfile organizado por la PPSOE para mantenerte dentro de su sistema de extracción de rentas. Lo que te quiero transmitir en suma es que, si no te plantas pronto y dejas de votar a la PPSOE, no tardando acabarás desfilando por donde ellos te señalen sin poder defenderte. Reflexiona un poco sobre todo esto esta Semana Santa.
