Se veía venir, así que no fue ninguna sorpresa. El gobierno franquenstein y corrupto hasta más no poder de Sánchez, junto con todos los separatistas, habían elegido a La Vuelta Ciclista a España para extender la cortina de humo que necesitan para tapar su ominosa corrupción y sus nefastas políticas con las que, lógicamente, están cosechando desastres y pobreza por doquier. Con el móvil del falso genocidio de Gaza, movilizaron a miles y miles de personas a través de los medios de comunicación de partido, del equipo de opinión sincronizada y de las subvenciones con las que riegan anualmente a miles de asociaciones y organizaciones que, luego, tienen que responder si quieren seguir en la bicoca. Otro caso más de Radio Rwanda. Después, la polarización, la creciente crispación y un dispositivo de seguridad totalmente insuficiente hicieron el resto como denunció el SUP (Sindicato Unificado de Policía) señalando que sus compañeros de la Policía Nacional quedaron atados de pies y manos mientras el presidente del gobierno alimentaba la protesta y comprometía el orden público, concluyendo que, “en condiciones normales, la Vuelta nunca se hubiera cortado”. El resultado: 2 detenidos y 22 policías heridos. Y lo que es peor: la Ley y la Constitución pisoteadas.
La única persona que, desde ‘lo público’, estuvo en su sitio y merece reconocimiento fue Perico Delgado que, como comentarista de RTVE, se atrevió a criticar en directo a los partidos políticos que «fomentan el odio en un país que se llama democracia», para después señalar en sus redes sociales lo siguiente: «Qué tristeza más grande. Un presidente del Gobierno apoyando las manifestaciones violentas. Él y sus socios (Podemos, Bildu y partidos nacionalistas…) que tanto protestan en La Vuelta llevan gobernando durante años y vendiendo armas a Israel«, para concluir con estas palabras: “La imagen que estamos dando al mundo es lamentable, en un país que se llama democrático. ¿Pero quién se cree esta gente para tener más derecho que otros?”. Más claro el agua.
El problema no es La Vuelta, que también, sino el precedente que se crea donde el gobierno, utilizando a la masa que se traga cualquier cosa como ha quedado sobradamente demostrado, puede llevar las cosas donde quiera situándose por encima de la Ley y la Constitución. Solo tienen que activar a sus perros a sueldo mientras impiden que la Policía y/o el Ejercito actúen en defensa del Orden Público. De esta manera pueden desatar el caos necesario para tapar sus numerosísimas tropelías. Es lo mismo que pasa en Cuba y Venezuela. Allí, nos espanta, pero no queremos ver que aquí, en España, está pasando lo mismito. Estamos en un proceso de paulatino regreso a la Ley de la Selva en la que, como nos advirtiera Rudyard Kipling, se impone siempre la tiranía de los más fuertes, tal y como sucede en el mundo animal. La Vuelta debió terminar como estaba previsto, aplicando el 21 CE y el Código Penal, pero el gobierno de Sánchez optó por el caos para desviar el foco de sus latrocinios. El equipo israelí, con director español y profesionales de distintos países, es un equipo privado que para nada representa al Estado de Israel –no es la selección nacional–, sin embargo, se le coloca en esa posición a los solos efectos de dar cobertura a un ejercicio de fuerza que nada tiene que ver con lo que ocurre en Gaza ¡desde hace 80 años!
El gobierno y sus secuaces indepes ven que la legislatura está bloqueada, que hay poco que rascar, y que la ignominia de su actuación traerá, a buen seguro, un gobierno del color opuesto y no quieren que eso ocurra porque de demócratas tienen lo que yo te diga. Van a forzar la máquina para quedarse y lo de La Vuelta es el primer capítulo de una patética serie que busca generar el caos y el miedo necesarios para impedir un cambio de gobierno. Necesitan el caos porque ni gobiernan para todos, ni tampoco miran por el interés general. Si fuera así, serían vitoreados por donde pasaran y no necesitarían ningún caos. ¿Lo ves o no lo quieres ver? Este gobierno está sumido en la corrupción personal e institucional y no puede aprobar ninguna ley, ni los PGE, porque carece de los apoyos necesarios. Hablan de una mayoría que ya no tienen ni en el Congreso ni en la calle. Por eso necesitan de actos de fuerza que metan el miedo en el cuerpo a la sociedad española. La vuelta a la Ley de la Selva ya está aquí y ha venido para quedarse. Si fueran demócratas de verdad y tuvieran la mayoría social que dicen tener, convocarían elecciones. Sin embargo, no lo hacen, y esa es la prueba del algodón de su mentira. Si quieres exigir algo a este gobierno, exígele elecciones. No esperes nada de cualquier otra cosa.
