Todos tenemos en la cabeza la ley de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”, que pone el acento en el subjetivismo y el relativismo que mandan en el mundo actual. No obstante, todos sentimos dentro que existen verdades inmutables. Es más, las necesitamos para poder apoyarnos y orientarnos. Sin ellas, flotaríamos en un mundo ingrávido al albur del Cosmos. Ítem más, cuando esas verdades saltan en pedazos –porque a veces los hombres las hacen saltar en pedazos– nos sentimos perdidos y desorientados hasta que logramos asirnos de nuevo a ellas. Quienes no lo consiguen se pierden como esos astronautas que acaban en el espacio sideral.
En la búsqueda de la verdad, que no deja de ser un trasunto de la búsqueda de la felicidad, no podemos aplicar criterios científicos a campos situados fuera de la Ciencia. La filosofía nunca podrá aportar pruebas científicas de nada, solo argumentos. Las pruebas pertenecen al mundo físico exterior. Luego está la certeza. Curiosamente, aumenta en campos limitados, empero disminuye en otros más amplios. Ambos conceptos, verdad y certeza, van de la mano, pero no son lo mismo. La clave está en dudar de lo que sabemos y en esa búsqueda de lo verdadero, mientras vamos desechando lo falso. Parménides nos puso sobre la pista de que la verdad no es algo exterior a nosotros mismos, sino interior. Luego, Platón nos habló de la percepción del mundo exterior advirtiéndonos que la verdad no puede ser descubierta por uno solo, su descubrimiento solo se da en diálogo con otras personas. Sucede así porque el diálogo te obliga a pensar a fondo para enfrentar los argumentos contrarios.
En el ‘mito de la caverna’ dejó bastante claro que nuestra percepción es limitada y que no vemos la realidad –la verdad—sino una representación de la misma. Estamos sometidos a una cruel ceguera. Tenemos que conformarnos con unas apariencias más o menos cercanas a la realidad. Nuestro conocimiento está limitado por lo que pueden captar nuestros sentidos exteriores e interiores. Esa imposibilidad de captar la verdad por nosotros mismos quizá sea la que nos empuja a las ‘verdades reveladas’, al mundo de la religión. En el lado opuesto está Nietzsche que niega la verdad: «La verdad es el error que preferimos». Y Foucault que la reduce a quién tiene el poder. Sin embargo, el poder solo puede manipular la verdad, no puede crearla. Puede ser opacada por el poder, pero nada más. Ahí tenemos una oportunidad. En el fondo, continúa la dicotomía entre la ‘veritas’ romana, la verdad imperial que se impone, y la ‘alétheia’ griega, la verdad que aparece y que no depende de la voluntad humana. La clave está en la duda, en la búsqueda constante y en la predisposición para alcanzarla. En cualquier caso, Séneca ya nos advirtió que «no hay viento favorable para el que no sabe dónde va».
Esa búsqueda de la verdad queda resumida de forma magistral en el artículo de Ángel Coronado titulado ‘No eres tan feo’ (EMS, 17.12.2022) donde dice: “Vuelvo a ese interior de uno mismo en el que tanto insiste González. Insisto con él y le acompaño. Y es en ese recinto interior, pero de forma exclusiva y excluyente, donde verdad y certeza se identifican una con otra y sin empacho. Pero amigo, al punto de salir de ese recinto sagrado, la certeza ni se entera. Para ella no existe recinto ni profano ni sagrado. Lo mismo camina por cualquiera de las moradas místicas de una santa o de un santo como por la calle del Collado en día de fiesta, de mañana tardía, y soleado. Pero la verdad…, la verdad no. La verdad es terca, es loca, es sabia, muy suya, tan suya, que nunca sale de casa si no es disfrazada. Sin su eterna e interior compañía la certeza, que callejea de forma extrovertida para saludar y encontrarse con el otro, ha de quedarse dentro, tímida, como desnuda y encerrada en casa. Machado lo ha visto y lo dice. Repito con él: ¿La verdad? Guárdatela dentro. Vigila que no se vea. No la disfraces, que no salga. Y acompañado de la certeza, vente conmigo al collado. Vamos a buscarla”.
Aquí tratamos de buscar la verdad al andar todos sobrados de certezas. En el terreno político resulta axial encontrar la verdad porque de lo contrario seguiremos en manos de la PPSOE y de sus certezas: las dos Españas, derecha e izquierda, etc… Todo falso de toda falsedad. Tan falso como que vivimos en una democracia. Necesitamos saber qué partidos pueden sacarnos del actual marasmo y qué partidos ahondarán en el mismo. La PPSOE no nos ayudará, eso seguro. En esa búsqueda de la verdad política no te dejes llevar por las etiquetas que la PPSOE coloca con la ayuda de los medios de comunicación y su equipo de opinión sincronizada. Busca la verdad en tú interior, más allá del ruido político. Este 2026 en cierne necesitamos un cambio radical. Con tú voto podrás ayudar a conseguirlo o a bloquearlo. En tú mano queda.
