Hoy, día de la Inmaculada Concepción de María, recordamos el ‘Milagro del Empel’ cuando nuestros Tercios rodeados por el enemigo en Flandes, concretamente en el monte Empel en la isla de Bommel, mientras cavaban trincheras, encontraron una tabla flamenca que reflejaba la Inmaculada Concepción de María a la que el ejército improvisó un altar y rezó toda la noche. A la mañana siguiente, el agua del río Mosa apareció congelada permitiendo a las tropas españolas salir y atacar por sorpresa a esos asquerosos de ayer y de hoy, logrando una victoria que horas antes se antojaba imposible. Este hecho hizo que la Inmaculada Concepción fuera proclamada Patrona de la Infantería Española y, mucho después, el Papa Pío IX declaró su dogma, reconociendo a la nación española como la que más trabajó para conseguirlo.
Hoy, por casualidades de la Historia, el Día de la Constitución ha quedado abrochado al de la Purísima en un puente que ahora es lo más sagrado que tenemos en España. Una España donde siguen fundidos lo político y lo religioso, pero que ha perdido tanto la visión estratégica a largo plazo como la visión periférica que creó un imperio de ciudadanos libres e iguales conduciéndonos al olimpo de las naciones. Hoy, desgraciadamente, impera el corto plazo, tanto en lo político como en lo religioso, porque nadie quiere perder su poder. Todos, dirigidos por hombres que solo se miran los zapatos y que insisten en la dicotomía entre la dictadura y la ‘actual democracia’ como si fueran cosas radicalmente distintas cuando, en el fondo, no lo son, no lo son.
Vivimos en una falsa democracia donde no hay representación ni responsabilidad. Donde los políticos actúan, más o menos, como en la dictadura. Donde una gigantesca manipulación emocional nos convierte bien en sectarios bien en apáticos descreídos. Donde el PP se opone al PSOE, aunque sus políticas son tan parecidas que me han obligado a definirlos como la PPSOE. Una PPSOE que utiliza las técnicas que definen a las sectas: control de la información y del relato, control emocional, control de pensamiento y, finalmente, control del comportamiento. El grupo genera adscripción y apaga al individuo. En poco tiempo, no te atreves a disentir para evitar una expulsión que te dejaría más solo que la una. Después, la victimización y un enemigo común hacen el resto para mantener prietas las filas.
Todos los expresidentes del gobierno han sido hombres que se miraban los zapatos. Jefes de secta únicamente preocupados de no tropezar para no perder poder. Desde Suárez hasta Sánchez, su máxima preocupación nunca fue avanzar sino mantenerse. Su máxima preocupación nunca fue España, sino sus particulares cuitas. Mensajes sencillos, una cadena de transmisión bien engrasada con dinero público, culto al líder, obediencia ciega, euforia colectiva y cancelación de cualquier opositor o crítico, son los ingredientes del cocido indigerible que lleva sirviendo la PPSOE durante los últimos 45 años. ¿Te duele la tripa? A mí también.
La ausencia de instituciones de contrapoder y el desbordamiento constante de una Constitución que, aun escoltada por la Purísima, ya no puede contener a esa PPSOE decidida a aplastar al ciudadano. Sin derechos individuales firmes te obligan a buscar cobijo en un grupo del que dependerás emocional y/o económicamente. Imponen su razón populista que, en el fondo, supone negar la realidad con la ayuda del neolenguaje. Todos sabemos, no obstante, que la realidad al final se impone. La realidad, si no sabes capearla, te pasa por encima. Los números son tozudos y los errores se pagan caros en un mundo ultracompetitivo, te guste o no.
En 2026 tendremos varios comicios. El voto es lo único que te queda para defenderte políticamente de la agresión de una PPSOE que niega la realidad y que quiere que comulgues con las ruedas de su molino. Solo quieren mantenerse en el poder, ora como PP, ora como PSOE, ora como lo que sea. La cosa, entonces, es ¿por qué seguir votando a hombres que solo se miran los zapatos? ¿Por qué no apostar por personas que quieren cambiar de verdad las cosas? El Régimen del 78 –el Régimen de la PPSOE– está agotado. España necesita alcanzar un periodo auténticamente democrático para recuperar todos los valores que la hicieron muy grande. Necesitamos volver a estar todos juntos para salvarnos como nación en este mundo despiadado de los bloques. Yo quiero hacerlo. ¿Qué piensas hacer tú?
