En España se abusa de la igualdad para cosas donde no se necesita o no se puede alcanzar mientras que en donde es imprescindible no se encuentra. Uno de esos lugares donde la igualdad resulta imprescindible es la fiscalidad. Todos deberíamos soportar la misma carga fiscal y ésta nunca debería superar el 25%. Por eso en este blog he defendido el Flat Tax, el tipo único que cada vez más Estados de los EEUU practican. La Estadística de pymes societarias y no societarias (autónomos) de 2024 de la AEAT evidencia los mayores tipos que asumen los segundos.
En este contexto, en España comprobamos como los autónomos tributan a un tipo un 25% mayor que las PYMES por la inflación. Los primeros tributan a un tipo medio efectivo de gravamen del 21,73% sobre sus beneficios, mientras que las segundas pagan un 17,31%. Esa brecha tributaria, absolutamente injusta e incomprensible, ha provocado la migración de 57.000 autónomos, que tributan en el IRPF, a formas societarias que tributan en el IS. Todo para ahorrar impuestos –motivo perfectamente legítimo– porque la AEAT no ha deflactado el tramo estatal del IRPF disparando la presión fiscal. Se trata de una tendencia creciente desde que la AEAT comenzó a realizar este tipo de estadísticas en 2017 cuando los autónomos asumían un tipo medio del 17,37% sobre beneficios en el IRPF, mientras las pymes estaban prácticamente como ahora con un tipo medio del 16,81% en el IS. Una tendencia que nos habla de la iniquidad de la progresividad del IRPF frente al tipo fijo del IS. El tipo del IRPF va del 19% al 47%, frente al tipo general del 25% del IS, todo al margen de las diferentes deducciones y bonificaciones que contemplan esos tributos directos.
El rendimiento bruto de los negocios en los últimos siete años ha sido similar para ambos: los autónomos han escalado un 73% mientras que las PYMES lo han hecho un 75%. La diferencia entre ambos es, entonces, netamente impositiva. Por eso, la UPTA (Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos) denuncia que la brecha entre el IRPF y el IS está convirtiendo a muchos autónomos en empresas durante el 2025. La razón está en que el IS permite deducir con mayor amplitud los gastos de estructura (vehículos, suministros, retribuciones, amortizaciones…), diferir dividendos, retribuir vía salario, aplicar reservas de capitalización o nivelación, etc… En definitiva, el IS permite modular mejor la fiscalidad de los negocios. Por el contrario, la rigidez y la progresividad del IRPF ha provocado –al negarse la AEAT a deflactar los tipos de gravamen– que la subida de precios operada por los autónomos ante el incremento de sus insumos, se haya traducido en mayores bases imponibles o, en los casos más sangrantes, a saltos de tramo, esto es, a tipos más altos.Eso es lo que recogen las estadísticas de la AEAT sobre los tipos medios efectivos de gravamen. Solo algunas CCAA (Madrid, Andalucía, País Vasco, Navarra, Aragón y Canarias) han deflactado el tramo autonómico del IRPF para adaptar el tributo a la inflación, mientras otras no lo han hecho.
Todo esto deja muy claro que necesitamos una reforma integral del sistema impositivo para equilibrar la tributación tanto en las distintas figuras como en los distintos territorios. Los impuestos globales resultan confiscatorios y están detrás de que, en el fondo, la economía no crezca nada.
