El ciudadano no es bien consciente del nivel impositivo que grava la Energía en España y, por ende, todos los bolsillos que previamente ya han pasado por caja con el impuesto sobre la renta correspondiente; renta que después se tendrá que enfrentar de nuevo a numerosos impuestos en cascada en muchos ámbitos de la vida, pero particularmente en todo aquello que tiene que ver con la energía.
En primer lugar, tenemos que el sobrecoste impositivo sobre los Hidrocarburos en España supera el 50% de la factura que pagamos. A falta de uno, cada litro de carburante se enfrenta a cuatro impuestos en cascada: (i) al IVA del 21%; (ii) a los Impuestos Especiales sobre los Hidrocarburos que gravan cada 1.000 litros con una cantidad fija que, de media, supone por litro unos 0,30€ y subiendo; (iii) al Impuesto sobre Ventas Minoristas del Estado que supone 2,4 céntimos por cada litro de combustible y (iv) al Impuesto sobre Ventas Minoristas de Determinados Hidrocarburos de las CCAA, el famoso céntimo sanitario creado para financiar supuestamente la Sanidad Pública, que se mueve entre los 1,7 céntimos de la CCAA más barata y los 4,8 céntimos de la más cara (varias CCAA ya no lo cobran pero vete a saber ahora con la pandemia por la gestión del coronavirus).
En segundo lugar, tenemos la Electricidad que en España acaba de registrar un nuevo record al alcanzar un precio en el Mercado Mayorista de 94,99€/MWh, superando los máximos de 2013, cuando la media diaria normal es de 80,66€/MWh, y en la que de nuevo el sobrecoste impositivo supera el 50% de la factura que pagamos, aunque aquí los impuestos propiamente dichos sólo sean dos. La factura eléctrica se descompone en dos tipos de coste: el coste fijo, de estructura, y el coste variable que es el que calcula el consumo real por diferencia entre las lecturas de contador y lo multiplica por el precio establecido para cada kWh. Es en el coste fijo donde nos sacan los cuartos ya que no depende del cuidado que tengamos con el consumo sino que agrupa una serie de conceptos que se cobran sí o sí, a saber: (i) la potencia contratada en función de los aparatos que tengamos y para que conectados todos no salten los plomos; (ii) el alquiler del contador; (iii) los incentivos a las energías renovables, cogeneración y residuos; (iv) la amortización de redes, transporte y distribución; (v) “otros costes regulados”, el famoso déficit de tarifa, generado supuestamente por el cobro durante el periodo 2000 a 2013 de un precio de la luz por debajo de su coste y que ahora hay que compensarles intereses incluidos; (vi) el Impuesto sobre la Electricidad que se aplica sobre el término de consumo y sobre el término de potencia contratada (5,11269632%) y (vii) el IVA del 21%.
En tercer lugar, tenemos el Gas que, para no extendernos, tiene un esquema muy parecido a la Electricidad, pero sin tanto mangoneo sobre el coste fijo y, por lo tanto, más amable con el bolsillo del ciudadano (termino fijo + termino variable + alquiler del contador + impuesto especial sobre los hidrocarburos + IVA).
El mix de energía en España (Nuclear 21,77%; Eólica 20,49%; Ciclo Combinado 17,71%; Hidráulica 11,84%; Cogeneración 10,62% y Solar 6,50%) unido a la mayor demanda actual por el teletrabajo y la ola de frío, ha puesto de manifiesto que dicho mix no funciona al haber apostado por unas renovables más caras e inestables porque dependen de factores exógenos que hacen que, en determinados momentos como el actual, con nieve y sin viento, no produzcan, mientras renunciamos a la nuclear, la más disponible, limpia y barata, condenándonos a las importaciones de gas (de Argelia que está desviando barcos a clientes más rentables) y de electricidad (de Francia producida con nucleares para más inri) con lo que únicamente estamos contribuyendo a nuestra ruina económica. ¡Unos cracks!
El Desgobierno Comunista podría apostar, en todo caso, por reducir los ingentes impuestos sobre la energía para modular su precio minorista contribuyendo con ello a mejorar la competitividad, a reducir la confiscatoriedad y a contribuir a la coherencia tanto con su discurso como con el ineficaz modelo elegido, haciendose cargo ellos de su ridícula “apuesta verde”. Pero claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. En definitiva, la apuesta por las energías más caras hará que progresivamente el precio siga subiendo si no se reducen esos costes estatales.
