La Copa del Mundo 2026 ya está en España y ahora nos toca extraer algunas lecciones de esta victoria. Con la derrota las lecciones llegan solas, empero con la victoria hay que reflexionar y extraerlas, porque la misma invita siempre a dejarse llevar y disfrutar de lo conseguido. En este caso, lo primero que tenemos son las declaraciones de los entrenadores. Mientras Escaloni lloraba y lloraba para tapar un fracaso sin paliativos, excusándose en que habían llegado un poco justos –cuando tuvieron el camino más fácil– y que, en el fondo, los muchachos lo habían dado todo y no se les podía criticar; Luis de la Fuente apuntaba a que “esta generación es un ejemplo para los jóvenes españoles”, poniendo por delante tanto al equipo como a la nación –incluso se acordó de Vicente del Bosque– antes que ponerse de protagonista, cuando él es el gran artífice del éxito de nuestra España. Populismo frente a realidad.
Vemos, también, estructuras muy diferentes. Mientras Escaloni lleva viviendo años de Messi –el genio argentino manda y lo decide todo, como hiciera antes en España y USA– con el mérito de aguantarle y seguirle la corriente; Luis de la Fuente conoce y está vinculado personalmente a los jugadores desde las categorías inferiores. Él es el auténtico capitán de la selección y decide todo desde la racionalidad y el respeto, teniendo un conocimiento profundo, interno y externo, de la realidad futbolística que le rodea. Su gestión y perfil son, sencillamente, insuperables. Su confianza en los jugadores ha sido remunerada por los mismos con creces, a pesar de que muchos no estaban en las mejores condiciones. Soberbio.
La planificación también es muy diferente. Argentina no planifica nada porque solo atiende a los deseos del astro rosarino. En cambio, España trabaja con una planificación minuciosa que parte de ese conocimiento profundo del mercado, del futbol patrio y del futbol mundial, para proyectar una idea de juego a la que se amoldan los seleccionados sin egos de ninguna clase: todos al servicio del equipo, de la idea y del reto. Así hemos podido desarbolar con facilidad pasmosa a muchos de los otrora cocos del futbol durante estos 26 años que llevamos de siglo XXI. España ahora es ganadora y el miedo lo tienen los demás. Títulos que nos colocan en el Nº 1 mundial, cuando en ningún otro capítulo llegamos ni al Top15.
Otra cosa que llama la atención es el grupo frente a la individualidad. Argentina combinaba jugadores contrastados –algunos más viejos que Matusalén– frente a una España que es un grupo joven, uniforme y sin individualidades. La orquesta frente al solista. El buen solista está muy bien, pero donde esté una buena orquesta que se quite todo. La orquesta de ‘Luis de la Gente’ está perfectamente afinada y sincronizada. Tan es así, que los cambios lejos de bajar el rendimiento la enriquecen. La gestión ha sido magnifica y hemos visto como titulares pedían el cambio si vislumbraban un menor rendimiento y como los suplentes, orgullosos de su rol, todas las veces relanzaban el juego y resolvían el partido. Algo nunca visto en ninguna parte.
La selección española de futbol ha puesto encima de la mesa muchas cosas. A nosotros nos toca extraer algunas lecciones para el conjunto de la sociedad. La primera quizá sea la estrategia a largo plazo. Luis de la Fuente también está sometido a ciclos –el mundial, las olimpiadas, etc…, son ciclos–, sin embargo, eso no le ha hecho caer en el cortoplacismo de la PPSOE que ha terminado por contaminar a toda la sociedad española. Él actúa estratégicamente para obtener el mayor rendimiento a largo plazo. Él trabaja para el mañana. El hoy es consecuencia de lo que ya hizo antes. La segunda es huir del afán de protagonismo. Tiene un perfil bajo que le permite trabajar con tranquilidad. No quiere ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Veni, vidi, vici. Escucha, se preocupa por los demás, pero luego decide lo que entiende más correcto sin someterse a presiones ni a críticas.
Estas lecciones del mundial le vendrían muy bien a quienes hoy rigen, desde la política y el funcionariado, nuestros destinos. Conocimiento profundo, trabajo constante, estrategia a largo plazo, humildad, anteponer a la nación y el bien común, son claves para auparse al Nº 1 en todo. Luis de la Fuente no necesita propaganda porque su ejecutoria le fija en la mente de todos los españoles para los próximos 200 años por lo menos. Del payaso, cortoplacista y traidor solo quieres olvidarte cuanto antes y no volver a verle ni en pintura. Haz lo correcto, el resto llegará por añadidura.
