No me cansaré de repetir que la UE es un bluf. En Bruselas se hace lo que quieren los fundadores, Francia, Alemania e Italia, convertidos en jugadores de ventaja en el peor estilo del Tío Sam. Allí inventaron la compensación de las emisiones de los motores de combustión por vehículos eléctricos en el marco de la nefasta Agenda 2030. Allí también, se acaban de cargar todo eso tras ver como los chinos se comen por los pies a los fabricantes europeos. Toca salvarlos, caiga quien caiga. Esto demuestra que el medioambiente solo es una excusa y que, por detrás, están los intereses industriales de siempre. ¡Me encanta la patada en el culo que les han soltado los amarillos!
Tampoco me cansaré de repetir que las emisiones son un problema global al convivir todos en el mismo planeta. De nada sirve rebajarlas en Europa para que China las aumente. Es de cajón. ¿De qué sirve ser los más limpios de la clase dentro de un colegio muy sucio? En cualquier caso, ahora Francia y Alemania cortan por lo sano y acuerdan rebajar las exigencias sobre los coches de combustión y flexibilizar su venta más allá del 2035. ¡Claro tío! ¡Ahora te enteras! Berlín y París se alían para defender sus fábricas bajo la etiqueta ‘Made in Europe’. El resto de los países miembros, salvo Italia, somos meros comparsas de este nuevo colonialismo en cascada: desde Washington y desde Bruselas.
Un acuerdo que pone de manifiesto que la restricción a los motores de combustión impuesta por la Comisión Europea en 2025 fue un error muy gordo. Pretendían rebajar un 90% las emisiones y compensar el 10% restante con motores eléctricos y combustibles sostenibles. Ahora borran de un plumazo la compensación de ese 10% y acabarán haciendo lo que la industria quiera porque controlar las emisiones puede ser una guía a futuro, pero un malísimo negocio de presente. Una Europa comida el déficit público y la deuda pública que trae consigo, y que sigue imprimiendo billetes a mansalva para taparlo todo, tiene imperiosamente que seguir creciendo y vendiendo para sujetar las cuentas públicas. Si toda esa mierda medioambiental, fatalmente planteada, corta esas ventas y ese crecimiento, estaremos muertos económicamente dentro de poco. Limpitos, pero muertecitos.
El tortazo que les han dado los chinos les obliga a replanteárselo todo. Ahora se dan cuenta de que la UE necesita más flexibilidad regulatoria, más inversión en tecnología y más fabricación en Europa. Justo lo contrario que pensaron hace 15 años. Reculan y anuncian que han alcanzado un acuerdo –sin contar con el resto, como siempre– para potenciar la libertad de elección y la apertura tecnológica, dando una señal de inversión para la industria. Ni que decir tiene –cómo van a reconocer su error– que todo eso se hará sin cambiar el rumbo de la UE en cuanto a reducir drásticamente las emisiones de CO2. ¡Claro tío! En su cuadratura del círculo lo único cierto es que ellos quieren volver a fabricar en Europa e imponer la ‘preferencia europea’.
Aquí la PPSOE pone el grito en el cielo con la ‘prioridad nacional’ de VOX, mientras en Bruselas enarbolan la bandera de ‘prioridad europea’. No cabe un tonto más. El nuevo rumbo tiene todo el sentido: soslayar la descarbonización, ganar mayor flexibilidad regulatoria y ofrecer nuevos incentivos para la inversión industrial en Europa. Lo que pasa es que llega muy tarde. Llega cuando los chinos nos han dejado atrás y nos llevan mucha ventaja. La desesperación se aprecia nítidamente cuando dicho acuerdo considera ‘Made in Europe’ a los productos de UK. ¿Quién quiere acordarse ahora del Brexit de 2020? Eso sí, condicionado a un pacto de reciprocidad.
En definitiva, los cretinos de Bruselas abandonan la Agenda 2030 y se ponen a remar a favor de Alemania, Francia e Italia. Les van a dar todo lo relacionado con el negocio de los sistemas eléctricos y electrónicos, y con el I+D. Van a facilitar que todo eso se desarrolle e implemente en la UE y, más concretamente, en el territorio de los fundadores. Aquí, en este bar de copas que es España, nuestro cretino particular se jacta de que vamos a ser en breve contribuidores netos al presupuesto de la UE. Que nos toreen cuando ellos ponen la pasta tiene, si me apuras, hasta un pase, pero que ahora la UE favorezca exclusivamente a la industria francesa, alemana e italiana –incluso a la inglesa– cuando nosotros también ponemos pasta, es de una imbecilidad supina. ¡No hija, no! Conclusión: con esta UE no vamos a ninguna parte. Se han quitado la careta y gritan desesperadamente ¡maricón el último!
