El Euríbor (acrónimo de Euro Interbank Offered Rate) es el índice de referencia del mercado interbancario europeo y se publica diariamente como promedio del tipo de interés al que un gran número de bancos europeos declaran prestarse a corto dinero y supone la referencia para los créditos y préstamos que otorgan los bancos a los consumidores y especialmente a los consumidores hipotecarios que con sus decisiones también inciden en el mercado inmobiliario.
Ese índice permanece en negativo desde el 2016 para regocijo de prestatarios, especialmente de los hipotecarios, que vieron con preocupación cómo la crisis por el COVID parecía invertir esa tendencia negativa pasando desde el -0,368% que marcaba el pasado 12.03,2020, a rozar el positivo marcando un -0,087% con fecha 09.04.2020, según glosamos oportunamente en este blog. Sin embargo, esa tendencia al alza que hacía prever una tormenta perfecta que bautizamos aquí como “coronavibor”, cruzando un desplome en los ingresos de las familias, consumidoras mayoritarias de ese tipo de productos, con el mayor coste financiero que para las mismas traería un repunte en el Euribor, ha desaparecido ya con un Euríbor estabilizado en torno al -0,45% y que según los analistas bancarios puede quedar por debajo del cero hasta casi 2030 y que, a buen seguro, se mantendrá en los niveles actuales por lo menos hasta finales de 2022.
Esta situación ha provocado dos movimientos interesantes. Por una parte, el mercado hipotecario ha girado hacia los productos de tipo fijo en detrimento de los de tipo variable por la necesidad de bancos y clientes de estabilizar sus respectivos intereses hasta el punto de que el INE ya recoge que las hipotecas constituidas a tipo fijo en los dos primeros meses del 2021 han superado a las referenciadas a tipo variable (51,20% y 55%, respectivamente) consolidando esa tendencia respecto a los mismos periodos del 2020 en los que el tipo variable dominaba el mercado hipotecario con un 62,6% de las operaciones. Por otra, los márgenes estrechos continuados han provocado tanto las fusiones bancarias que vivimos y viviremos como un ajuste en los gastos con cierre de oficinas y EREs de plantillas para reducir costes y equilibrar balances justo lo contrario de lo que hace un Sector Público que, sin tener para nada en cuenta a los ciudadanos que al final financiamos su ineficacia, lo fía todo a un mayor gasto público sobre la base de una gran subida de impuestos. Todo lo contrario de lo que se necesita.
En definitiva, buenas noticias desde el sector financiero que mantendrá más o menos precios asequibles para que el Sector Privado pueda financiar sus iniciativas mientras luego el Sector Público dilapida una gran parte de esos esfuerzos, aunque no todos, gracias a estar bajo el paraguas de un BCE que, a pesar de todo, es muchísimo más serio y cabal que este Desgobierno Comunista.
