Un reciente estudio del Banco de España (BDE) acerca del impacto en el empleo de la subida de un 22% del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), hasta los 900€/mes, en el 2019, refleja los siguientes efectos:
- Una pérdida de empleo neta de 180.000 empleos aproximadamente (entre el 6 y el 11% del colectivo directamente afectado por este aumento), y
- Una moderación inmediata de las nuevas contrataciones en dicho colectivo (el que percibía una remuneración por debajo de los 1.250€/mes).
En palabras del BDE «la estimación de estos efectos para colectivos particulares a partir de datos individuales indicaría que ambos márgenes habrían podido contribuir a la destrucción neta de contratos observada» sin que muestre grandes diferencias entre hombres y mujeres, pero sí por edades, disparándose hasta el 23% en el caso de los jóvenes mientras solo afectó al 7,4% de los mayores de 45 años. Paralelamente, se observa que esos jóvenes que trabajaban a tiempo completo durante 30 días podrían haber sufrido una reducción tanto de las horas trabajadas como de la probabilidad de obtener un nuevo empleo para aquellos parados que ya habían tenido uno cobrando el anterior SMI a consecuencia de dicha subida de 2019.
Por otra parte, también señala que la incidencia fue mayor en los contratos temporales (17%) y, dentro de estos, en aquellos con menor antigüedad en el empleo (< 6 meses) mientras que fue de la tercera parte para los indefinidos. Además, el BDE confirma que la información desagregada proporcionada por la Encuesta de Población Activa (EPA) coincide en mostrar una pauta de desaceleración similar por ramas productivas a la de afiliaciones a la SS, con un mayor ajuste del empleo en los sectores de la agricultura y la construcción en 2019 (servicios de mercado -9,3% y agricultura -59,2%) por lo que el impacto destructivo se concentró, en mayor medida, en las ocupaciones con menor grado de cualificación. A pesar de todo y para finalizar, el BDE echa un capote al Desgobierno Comunista indicando que podrían existir argumentos de mejora en la equidad que podrían compensar el incremento de desempleo involuntario que podría derivarse del aumento del SMI y que «sería conveniente analizar la importancia de los cambios en la renta de los diferentes colectivos, así como el impacto de estos cambios en variables agregadas relevantes, como el consumo, la inversión y el ahorro«.
Lo más cierto, sin embargo, es que la política se impuso nuevamente a la economía en uno de los peores momentos para hacerlo y los datos ahora ponen de manifiesto que esa subida del SMI para vender progresismo en los medios de comunicación se saldó en la práctica con una gran destrucción de empleo, afectando para mas inri a los ciudadanos más vulnerables dando muestra, una vez más, que las supuestas políticas profresistas distan mucho de serlo en realidad repercutiendo negetivamente en el colectivo de ciudadanos más necesitados que, de esta manera y poco a poco, se van viendo abocados a vivir, en todo o en parte, de los distintos subsidios de las distintas Administraciones que sólo puede tener como objetivo su control por su dependencia del gobierno al peor estilo de Venezuela.
