El llamado “Caso Ghali”, incoado por la entrada y salida ilegales de España tanto del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, como del resto de sus acompañantes, sin control de aduanas o de inmigración, que lleva el Juzgado de Instrucción Nº 7 de Zaragoza –porque su entrada se realizó a través de la base aérea militar sita en dicha ciudad- se está convirtiendo en un culebrón político más propio de un “Sálvame” –quizás mejor del Deluxe– que de un país con dos dedos de frente.
El asunto se pone cada vez más divertido tras la declaración como imputado de Camilo Villarino (ex jefe de Gabinete de la exministra Laya) que la acusación particular utiliza ahora para solicitar la imputación de la propia exministra de Exteriores y la declaración testifical de la que fuera jefa de Gabinete de la ex vicepresidenta Carmen Calvo. El sinfín de errores diplomáticos -cantados por el bueno de Villarino- lo recoge dicha acusación señalando como «el día 15 de abril, recibe llamada de un alto cargo de otro ministerio para: si sabe algo de la llegada de Brahim Ghali. Jefa del Gabinete de la vicepresidenta del Gobierno. El día 16 recibe llamada de González Laya y hablan de las consecuencias. Día 18 de abril SMS de la ministra González Laya, y la llamo desde un teléfono seguro. Le dice que se ha tomado (plural) la decisión de admitir a Brahim Ghali. Que no cree que la decisión la tomara sola. La ministra le facilita los contactos de la Presidencia de la Rioja, otro de Argel, y otro más. Brahim va a entrar con un pasaporte diplomático argelino y su hijo con algún tipo de carnet de residencia« para luego destacar las condiciones de reserva y discreción que le solicitaron porque “hay que valorar el impacto que puede tener con otro país al que no se le ha informado con esta decisión, más adelante declara que por Marruecos. Día 22 de abril tienen conocimiento por la prensa de que Brahim Ghali, se encuentra hospitalizado con identidad falsa. Día 23 pide a Eliseo Sastre, que verifique la falsedad y éste le manda la copia falsa de un pasaporte, que adjunta en fotocopia, y del que se puede apreciar que ni es diplomático, ni contiene datos de identificación ciertos. Adjunta el carnet de residencia del hijo, y del que se puede apreciar que se ha expedido el día 28 de mayo de 2021, es decir con posterioridad” por lo que resulta más que evidente «el conocimiento del uso de la documentación falsa de Brahim Ghali, la actitud de encubrimiento del investigado y la acción de prevaricación en este montaje contrario a ley, tanto en la entrada como en la salida, del ciudadano Brahim Ghali, y acompañantes, incluidos su número dos Salem Lebsir, denunciado por esta acusación en el Juzgado de Instrucción nº 2 de Logroño» amén del “gasto en el que incurre el gobierno de la Rioja, tanto sanitario, como de medios de protección”.
Se trata de una maniobra política contra el Desgobierno Comunista que es más torpe que un zapato –como creo que todos ya sabemos a estas alturas- pero que, no obstante, representa a España en el escenario internacional y es desde esa óptica desde la que se debería enfocar el asunto. No, a mi juicio, desde una óptica penal, a pesar de que el sujeto en cuestión este siendo investigado por presuntos secuestros, torturas y desapariciones de 281 ciudadanos españoles en el antiguo Sahara Español… que hace mucho tiempo que ya no es nuestro. ¿O es que las mejores democracias occidentales no tienen también sus tejemanejes que sirven a los intereses de sus respectivos países? Pues claro que sí. Argelia -la del gas- pidió asistir a Ghali “por Covid severo” y España aceptó. Punto. Lo que sí puede ser objeto de crítica política –de hecho, a Laya le costó el puesto- es la forma en que todo se llevó a cabo y que ha tenido como resultado que Argelia ralentizara sus entregas de gas dado prioridad a otros paises -una de las causas de la espectacular subida de la luz- y que Marruecos, que estaba perfectamente informado, nos pasara la cuenta en forma de crisis diplomática sin precedentes con una gravísima crisis migratoria en nuestras fronteras de Ceuta y Melilla que nos dejó internacionalmente como Cagancho en las Ventas.
Las cuentas, en definitiva, no son penales con Brahim Ghali -que ya tiene lo suyo- sino políticas con un sanchinflas que no deja de cometer errores en todos los ámbitos de gobierno y al que habrá que despedir en las urnas.
