Se la rifan. Mientras el presidente de la India, Narendra Modi, no para de dar bandazos con su política internacional –comprando carburantes a Rusia y firmando acuerdos militares con USA- todas las grandes potencias quieren ser amigas de una India llamada a ser una de las grandes potencias de este siglo XXI como vaticina abiertamente Goldman Sachs («India se convertirá en 2075 en la segunda economía más grande del mundo, hoy es la quinta”) que la sitúa por detrás de China pero por delante tanto de USA como de la UE. Un monstruo que ya es, hoy por hoy, el país más poblado del planeta (1.425M de habitantes, el doble de la población que acumula el G7, 777M de habitantes) que junto con los avances tecnológicos, el deseo de crecimiento de su pueblo y una energía abundante harán de ella uno de los grandes jugadores globales, capaz incluso de inclinar la balanza a favor de uno de los bloques: del Mundo Libre o del comunismo.
Los números actualmente la colocan como el país 126 del mundo por renta per cápita (8.293$ en 2022) con mucha pobreza (229M de pobres) y desigualdad (el 50% de la población atesora solo el 3% del PIB) empero la tensión entre los bloques la coloca como la nueva China si se gana el favor de un Mundo Libre que ahora percibe a China como lo que es: una amenaza para la vida que conocemos. El Tío Sam lo tiene claro: India será su socio prioritario en la región para impulsar un eje Indo-Pacífico ‘libre, abierto, inclusivo y basado en reglas’ no solo en el campo económico sino también en el de la seguridad. Así, el volumen del comercio de defensa entre ambas potencias ha aumentado exponencialmente a lo largo de los años y se desliza hacia el codesarrollo, la coproducción y el intercambio de tecnologías a pesar de que al polémico presidente Modi otrora se le denegara la visa para poder entrar en EEUU durante 10 años al relacionarle con el extremismo religioso. India se ha puesto a la cabeza del grupo BRICS y es ahí donde le quiere retener China potenciando un nuevo orden de cooperación Sur-Sur para hablar de una moneda común y de la expansión de sus actuales miembros (que potencialmente alcanzarían la mitad de la población mundial: 4.000M de personas), empero el autoritarismo de China y su alianza con Pakistán pueden hacer girar a la India a un entendimiento definitivo con USA y, por tanto, con el Mundo Libre.
La India tiene muchos problemas internos que solucionar (pobreza, xenofobia y religión) inherentes a la extrema derecha supremacista hindú que llevo al presidente Modi a asumir un poder indiscutible desde 2014. Por otra parte, India no presenta problemas de cohesión interna porque desde su independencia y a pesar de los muchos desafíos afrontados, tanto internos como externos, su democracia y su pluralismo han resistido la prueba del tiempo a pesar de tratarse de uno de los países más grandes y diversos del mundo sustentado en una civilización antigua que lo fortalece y le permite afrontar una profunda transición geopolítica, geoeconómica y tecnológica. Los seguidores de Modi están entusiasmados por el surgimiento de una nueva India como superpotencia que apuesta por un Indo-Pacífico libre, abierto, inclusivo y estable con USA como socio y esto puede ser definitivo –si se mantiene- para que el Mundo Libre se imponga de una vez por todas.
Veremos que nos depara el futuro pero India es, por méritos propios, un país a seguir.
