Soy aficionado al deporte, pero nunca seré tifosi, ni siquiera del VRAC Quesos Entrepinares. Me dejo guiar por mis sentidos y trato de objetivizar lo que sucede. Las tribus te engañan con sus mantras y creyentes que siempre lo subjetivizan todo. Un horror. El madridismo puede ser ahora la máxima expresión de todo eso. Sus éxitos traen causa de tres factores: un presupuesto descomunal, a la altura de los más grandes, la consiguiente calidad individual de sus jugadores y de sus técnicos y, sobre todo, de tener estrella. En los últimos tres años futbol, lo que se dice futbol, ha tenido muy poco, pero ha seguido ganando. Tiene el don de la oportunidad.
No obstante, el fin no lo es todo. El éxito a cualquier precio es una falacia. En este sentido, quiero llamar la atención sobre la adulteración que supone la abismal diferencia de presupuestos entre los distintos clubes. No podemos hablar de auténtica competición, ni de auténticos campeones, cuando unos clubes tienen presupuestos de gasto que superan los 900M€ mientras otros no llegan ni a la mitad y la mayoría se mueve de los 100M€ para abajo. En este contexto, la ‘Superliga’ se convierte en algo necesario para poder medir la potencia deportiva de los ‘superclubes’, en lugar de permitirles que desvirtúen las competiciones domésticas.
La excelencia deportiva de muchos clubes radica, fundamentalmente, en su excelente presupuesto. Concretamente, el futbol del Real Madrid brilla por su ausencia desde hace más de tres temporadas, pero sus innegables éxitos deportivos han opacado esa realidad. No juegan a nada, pero muchas veces cinco minutos de inspiración son suficientes para levantar títulos. Es así de sencillo. Cada vez más, sin embargo, cuando enfrente tiene a un equipo bien entrenado, se atasca. Su futbol no vale nada porque llevan muchas temporadas fiándolo todo a que les suene la flauta. Silenciada ahora por equipos que sí juegan al futbol, la crisis está servida en un Real Madrid acostumbrado a ganar partidos, pero no a jugar al futbol.
Nadie sabe ahora cómo revertir la situación. La marcha de Ancelotti dejará en el vestuario a muchos parásitos con contrato que lastrarán, sin duda, el futuro a corto plazo del Madrid. La máxima de si algo funciona no lo toques, empleada por Ancelotti, ya no funciona. Los rivales han evolucionado y ahora les pintan la cara sin que el técnico italiano sepa ya que tecla tocar. Ha decidido morir con los jugadores que, sin entrenar y sin jugar a nada, se lo han dado todo. En lugar de marcharse como Kroos, en loor de multitudes, para ascender al olimpo madridista, ha decidido irse a lo Sergio Ramos, empañando definitivamente su trayectoria. Un error grave. No se puede tener todo y el club apostó por la renovación del Bernabéu (acierto) y la contratación de Mbappé (comisiones), posponiendo la renovación deportiva. El resultado es que, cuando mejor pintaba todo, la imagen del club se está deshaciendo.
La cerrazón del presidente y del entrenador han desatado la locura en el Real Madrid. Episodios como no acudir a la entrega Balón de Oro porque no se lo daban a Vinicius o las constantes rabietas cuando no ganan, no son de recibo en un club que se autodefine señor. La presión constante a los colegiados a través de RMTV viene de la necesidad de ayudas arbitrales, conscientes de que su juego no les da para ganar a casi nadie. No quieren acabar con el ‘Caso Negreira’ y limpiar la institución, quieren un arbitraje a su favor igual que el FCB. Esta deriva tan antideportiva puede reventar definitivamente la competición española en perjuicio de todos.
Las derrotas en la Champions y en la Copa anticipan un futuro en blanco si no se toman medidas deportivas. La ‘quinta’ de Ancelotti no da para más y el Madrid necesita jugadores, sobre todo canteranos y españoles, que puedan devolverle su antiguo señorío, en lugar de la panda de mercenarios youtubers que tiene ahora en plantilla. Las formas y el juego son tan importantes que han conseguido darle la vuelta a la tortilla en el FCB. Un buen entrenador y canteranos comprometidos le han dado una lección inolvidable a un Real Madrid que ya no quiere jugar al futbol porque cree que todos los títulos y premios son suyos como expresión natural de su superioridad material. No es así, y esa es la grandeza del deporte. Hasta que no se enteren lo llevan claro.
