El Informe Anual del BDE advierte de forma tibia de los grandes problemas que enfrentamos destacando, en esta ocasión, cuatro: (i) la productividad, que se ha convertido en un «problema social de primera magnitud«; (ii) la vivienda, que es el gran cuello de botella de nuestra economía; (iii) las cotizaciones sociales, que ya superan la media de la UE, y (iv) la incertidumbre global que hacen de cualquier previsión algo contingente. Todo dentro del actual contexto de la guerra arancelaria desatada por EEUU que estiman que disparará el arancel medio sobre los productos europeos del 3% al 12% y que restará alguna décima a nuestro crecimiento, a pesar de nuestra baja exposición a los EEUU y, sobre todo, por la apreciación del euro frente al dólar que afectará al turismo entre otros sectores.
El estancamiento de la productividad resulta muy preocupante porque está ligado a la calidad institucional que, desde principios de este siglo, «ha disminuido en España» con «un desgaste superior al de otros países«. El récord de bajas laborales supone otra amenaza para la evolución económica y un «factor de tensionamiento del mercado laboral» que conduce a un agujero tanto en las arcas públicas como en los balances de las empresas. El problema de absentismo se suma a las mayores dificultades que tienen las empresas para encontrar mano de obra, especialmente en hostelería y construcción. A estos problemas, se suma el problema de la vivienda que puede convertirse en «un evidente cuello de botella para la economía española por el lado de la oferta y en un problema social de primera magnitud en nuestro país«. La clave reside en que la demanda sigue siendo superior a la oferta, provocando una escalada en los precios. «El diferencial acumulado entre estas dos magnitudes entre 2022 y 2024 se encontraría en un rango situado entre las 400.000 y las 450.000 viviendas. Este desajuste es particularmente significativo en las cinco provincias que concentran algo más del 50% de este diferencial –Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga-. Por lo tanto, se estaría movilizando en dichas áreas, desde 2022, una cuantía significativa de viviendas hacia el uso residencial -por ejemplo, segundas residencias y viviendas vacías-, así como convirtiendo bienes inmuebles de uso terciario en residencias«.
Otro de los problemas analizados por el BDE es la polarización política que “define como el aumento significativo de la distancia ideológica entre los distintos partidos políticos o sus votantes» y que no para de crecer desde el 2015. La amenaza para la economía viene de los cambios frecuentes que provoca en las políticas económicas que van «reduciendo la previsibilidad del entorno empresarial, inhibiendo la inversión e induciendo volatilidad en los mercados financieros«, amén de distorsionar la percepción que los ciudadanos tienen de la misma, afectando a la confianza y las decisiones de gasto. En ese sentido, el BDE destaca que la Formación Bruta de Capital es el componente del PIB que ha experimentado una menor recuperación desde la pandemia, sobre todo la inversión en equipo –particularmente en el material de transporte– y en construcciones distintas de la vivienda. Asimismo, le preocupa que la inversión pública se mantenga a base de los Fondos NextGen que, por definición, tienen los días contados.
La tibieza del informe por la politización de la institución está detrás de la dimisión del economista jefe del BDE –que se suma a otras cuatro anteriores– que denuncia que no se pronuncien sobre otros temas axiales como las pensiones, la jornada laboral o la condonación de la deuda.Tibio e incompleto como el mismísimo gobierno.
