Acaba de fallecer el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero que protagonizó la parte televisiva del 23-F al irrumpir en el Congreso de los Diputados, pistola en mano, durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo propiciada por la dimisión de Adolfo Suárez. El falso golpe del 23-F junto con el real asesinato del almirante Carrero Blanco son los dos acontecimientos que han dado lugar al Franquismo 2.0 en el que vivimos –otros lo llaman Régimen del 78 y otros Régimen de la PPSOE— donde los políticos, nuevamente, actúan por sus fueros, sin representación y, lo que es peor, sin responsabilidad alguna, con formas y maneras incompatibles con una auténtica democracia. Esto es lo que ha desembocado, tras 30 años de poder omnímodo de la PPSOE, en una espiral de corrupción y decadencia como nunca antes.
Los historiadores y divulgadores más actualizados y valientes hablan ya sin tapujos de que el bueno de Campechano fue la X del 23-F. Así lo apunta también Ansón en reciente entrevista y así se vislumbra en las memorias que el emérito publica ahora en Francia en un intento vano de lavar su imagen y seguir confundiéndolo todo. Lo importante, en el fondo, es la figura de un Tejero que declaró que «yo al rey Juan Carlos lo jodí vivo. Él tenía preparado con Armada un Gobierno a su gusto. Pero hacía falta un militar que diera el golpe. Ese fui yo. Es decir: lo mío era necesario para poner el Gobierno de Armada y el rey. Sin embargo, cuando vi lo que iba a ser aquello lo anulé, lo paré. Luego me traicionaron todos: el rey, Armada, Milans del Bosch…”. Lo cierto es que Juancar y sus compinches querían recuperar, por la vía rápida, los poderes y facultades que disfrutaron en la etapa anterior, extremo al que se negaba Suárez, que acabó dimitiendo para parar el golpe. Sin embargo, la fatuidad del personaje y la avaricia del resto llevó, consensuada y chapuceramente, al golpe hasta que Tejero, ya dentro del Congreso, se coscó de la jugada y se negó en redondo a dejar pasar a Armada arruinando la jugada política de su aclamación en la cámara (nunca hubo un golpe militar). Los medios de partido siguen poniendo el foco en el ruido de sables y en el icónico «¡quieto todo el mundo!» mientras esconden la realidad. Tejero se comió 30 años de cárcel por rebelión militar sin rechistar junto con el teniente general Jaime Milans del Bosch que sacó los tanques a la calle en Valencia. Sin embargo, Alfonso Armada solo se comió 6, dizque por participar solo en la fase conspirativa. Todos se callaron y asumieron una responsabilidad penal que nunca fue suya.
¡Qué útiles pueden ser los fanáticos! Con Tejero llovía sobre mojado al participar con Ynestrillas, en 1978, en la Operación Galaxia donde quisieron hacer algo parecido para sustituir al gobierno de Suárez antes del referéndum constitucional. Sus antecedentes facilitaron que se pudiera dar fácilmente la vuelta a la tortilla para asegurar, como lo siguen haciendo todos en este Régimen de la PPSOE, que ‘el golpe se empezó a desmoronar tras el mensaje televisado del rey’. Nada de eso. El bueno de Juancar tuvo que salir por televisión, tras 6 horas de negociaciones encubiertas, para cortocircuitar su propio golpe y presentarse como salvapatrias tras la negativa de Tejero a tragar con su montaje porque el mismo, lejos de querer salvar a España, venía a hipotecarla como finalmente ha ocurrido. La embrionaria PPSOE y casi todos los partidos de su régimen estaban en el ajo para usufructuar la democracia en su favor y se conjuraron para presentar al muñegote coronado como salvador de la democracia para salvarse ellos también. Y hasta hoy. La patética versión de Juancar apunta a que «fue el general Juste quien realmente hizo que Armada no entrara a Zarzuela e hiciese creer al resto de los implicados que yo estaba en el golpe”. ¡Menudo pájaro!
En definitiva queridos compatriotas, sin conocimiento no podemos actuar. Juancar y la PPSOE llevan jugando al tocomocho con nosotros 45 años. Por ello, espero y deseo que todas estas tropelías –y muchísimas más que no conoceremos nunca—les pasen factura en el sentido de que la amplia mayoría de ciudadanos trabajadores y decentes que existen todavía en España les retiren su apoyo y sus votos para dar paso, de una vez por todas, a una España Democrática donde un ciudadano cualquiera pueda actuar por Derecho y no por contactos, pueda ejercer ampliamente todos los derechos y libertades públicas, pueda ganarse la vida sin ser reventado a impuestos y pueda canalizar sus deseos y opiniones a través de políticos que lo representen a él y no a los partidos. Solo así podremos superar, entre todos, este franquismo con chaqueta de pana al que nos ha abocado la PPSOE. Recuérdalo bien cuando te llamen a votar.
