Llega, este 20-N, el 50º Aniversario de la muerte oficial de Francisco Franco. Unos fastos que se han adelantado más que la Navidad. Una celebración, exhumación previa incluida, imprescindible para seguir amedrentando a los españoles. Toca, por tanto, repasar qué queda del franquismo y quiénes son los auténticos nostálgicos. Toca hacerlo porque nadie lo hace ya que los que participan en los medios de comunicación están imbuidos por el Régimen de la PPSOE que no deja de ser un trasunto del Régimen de Franco.
Me explico. La dictadura de Franco surgió de la victoria en la Guerra Civil de la España que se resistió a ser arrasada violentamente por la II República. Que no te engañen: lo más parecido a la España franquista fue la España republicana. Unos tipos fanatizados dispuestos a imponer su ley por la fuerza de las armas. Ese fanatismo y la renuncia a la necesaria racionalidad nos condujeron a todos al desastre. Lo que nunca cambió fue esa tutela del Estado sobre la vida y la hacienda de los españoles. Después, el Franquismo 1.0, el de Franco, se fue debilitando con el tiempo y no le quedó más remedio que vestirse a la moda del Bloque Atlántico que surgiría tras la IIGM. Pero la mona, aunque se vista de seda, mona se queda.
La única apertura fue económica por la sencilla razón de que su irracional lazo sobre todos los españoles estaba asfixiando al propio régimen. Un régimen trufado de corrupción donde los grandes negocios se hacían al calor del dinero y la regulación del Estado. Exactamente igual que ahora. Nunca soltaron el poder político. La oscura Transición fue un truco de viejo prestidigitador que aprovechó la alegría desbordante del pueblo para cambiar de sitio la bolita. Así pasamos del Régimen de Franco, tutelado por el Tío Sam, al Régimen de la PPSOE, tutelado por el Tío Sam. De la ley a la ley y tiro porque me toca. Ahora vivimos en tecnicolor, pero las bases siguen siendo las mismas. Por eso España vuelve a estar asfixiada por el lazo que nos impone la PPSOE. La Historia se repite. Todo cambia, pero todo sigue igual.
El código binario de la política es el Poder y el Miedo. Bonaparte construyó su dictadura sobre el miedo al Terror Jacobino. Franco hizo lo propio sobre el miedo al comunismo y a la Guerra Civil. El miedo siempre juega a favor de quien detenta el poder. Sánchez lo repite ahora: ‘¡que viene la ultraderecha!’. Sabe que no existe, pero también sabe que eso despierta un miedo atávico en los españoles. El mal menor entonces era Franco y hoy lo es Sánchez. Todo mentira. Mentira cochina.
Con la muerte de Franco las cosas tenían que cambiar y cambiaron… aparentemente. La alegría de la ‘democracia’ hizo posible una transición tan alta, tan guapa, tan lista… que nos ha traído al actual marasmo político y económico. Lo más cierto es que el Régimen de Franco logró el sí de las Cortes Franquistas al cambio, a base de presiones mafiosas. Después, el Golpe del 23-F convirtió en adalides de la democracia a quienes, en realidad, buscaban un ‘golpe de timón’ para recuperar los poderes franquistas. La Constitución del 78, con todos sus problemas, es lo mejor de esa oscura Transición porque es un límite a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Al Régimen de la PPSOE, por supuesto, le queda pequeña y por eso la desborda continuamente utilizando al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo para justificar sus desmanes. La politización de la Justicia, como la propia PPSOE, arrancan con la LOPJ del 85 pactada entre el PP y el PSOE para quedarse con el poder y usarlo discrecionalmente.
Aquellos polvos nos han traído el lodo del actual franquismo con chaqueta de pana en el que la PPSOE campa por sus fueros al controlar casi todos los resortes del poder y casi todas las instituciones. El adoctrinamiento desde la escuela, el NODO de los grandes medios de comunicación y un intervencionismo desmesurado, subvenciones incluidas, hacen que nos parezca normal algo que, en cualquier democracia que se precie, sería absolutamente anormal: que alguien pueda gobernar al margen por completo del mandato electoral, sin aprobar presupuestos y sin mayoría ni siquiera parlamentaria. Del franquismo ya no queda nada, pero los únicos nostálgicos están en esa PPSOE que heredó sus poderes y que quiere seguir disfrutándolos sine die gracias al gran aparato del Estado del que dispone.
En España no existe la ultraderecha. Nada tienes que temer por ahí. De lo que te debes guardar es de la PPSOE porque, poco a poco, está completando su camino autoritario y, si no dejas de votarles, puede que consigan reeditar el Franquismo 2.0 que persiguen desde hace mucho tiempo. Quedas advertido.
Mario González Casado. Abogado. Maútiko Abogados.
