Estos días algunos tratamos de cubicar el año. Otros se buscan a sí mismos de la mano de Rosalía. A todos, creo, nos vendrá bien la ayuda de Marco Aurelio y de sus ‘Meditaciones’ donde declara sentirse más atraído por una existencia filosófica que por el ejercicio del poder imperial. Lo expresa así: “Alejandro, César y Pompeyo ¿qué fueron en comparación con Diógenes, Heráclito y Sócrates? Éstos vieron cosas, sus causas, sus materias, y sus principios guías eran autosuficientes; pero aquéllos, ¡cuántas cosas ignoraban, de cuántas cosas eran esclavos!”.
El poder por el poder no tiene sentido. Lo importante siempre es el para qué. El instinto y los impulsos son buenos hasta que te esclavizan. La esclavitud es mala. Si sucumbes a la vanidad, al orgullo, etc… serás un esclavo más. Los filósofos nos enseñaron a conocernos a nosotros mismos primero para después poder vivir con verdadera libertad interior y exterior, es decir, como auténticos hombres libres. En ese camino de perfección, Marco Aurelio se decantó por el Estoicismo que se preocupa más por la transformación interior del individuo y por su moralidad, que por la revolución social. Somos actores dentro de una obra teatral. No hemos elegido el papel –el destino se ocupa de eso– y poco importa si somos hombre o mujer, esclavo o emperador, etc…. Lo importante es desempeñar bien el papel asignado y, si es posible, disfrutar con ello y hacer disfrutar al espectador, a nuestros semejantes. Pretender cambiar la sociedad resulta equivocado y presuntuoso. Lo importante es cambiarse a uno mismo, porque el auténtico mal, es el mal moral.
En ese camino de cambiarse a uno mismo para intentar alcanzar la perfección, la mejor compañía es la Filosofía. La Filosofía da sentido y consistencia a la Vida y, por lo tanto, lo mejor y más razonable es llevar una existencia filosófica. Vivir con filosofía. No obstante, no se trata de conocer y transmitir una enseñanza teórica, sino en vivir conforme a la Razón Universal. Dominar el discurso interior: representarse las cosas de manera justa; aceptar lo que llega y no depende de nosotros; actuar con justicia y benevolencia; esperar la muerte con serenidad. En definitiva, para Marco Aurelio se trata de vivir según los preceptos fundamentales de la doctrina estoica. Marco Aurelio confía en la ayuda de los demás. Lo dice así: “Si alguien puede refutarme y probar de modo concluyente que pienso o actúo incorrectamente, de buen grado cambiaré de proceder. Pues persigo la verdad, que no dañó nunca a nadie … Ten presente que cambiar de criterio y obedecer a quien te corrige es igualmente acción libre”.
En ese camino de perfección tendrás que desarrollar las virtudes: la Templanza, la Prudencia, la Fortaleza y la Justicia. Marco Aurelio las entronca con las tres disciplinas troncales del hombre: el juicio, la acción y el deseo. Y ello porque la Verdad permite rectificar el Juicio; la Justicia, corregir la acción, y la Templanza, moderar el deseo. En ese sentido, nos invita a hacer los siguientes experimentos de pensamiento: (i) Tomar distancia observando desde arriba; (ii) Recordar que todo se reproduce de manera idéntica; (iii) Considerar las cosas en su propia esencia material eliminando su aura; (iv) Imaginar lo peor para prepararse; (v) Vivir el momento presente; (vi) Utilizar las máximas filosóficas; (vii) Ejercer una vigilancia sobre los pensamientos y las palabras, y (viii) Hacer examen de conciencia.
No pidas a la sociedad que cambie. Cambia tú primero. A partir de ahí, exige a los demás que tengan templanza, prudencia, fortaleza y justicia. A partir de ahí, vota solo por quienes defiendan estas virtudes. Así cambarán las cosas. Ya tienes trabajo para 2026.
