¿Si es renovable tendrá que ser bueno? Pues, no. Las energías renovables nos van a costar un disgusto nada ecológico de más de 10.000M€ tras la retirada de estímulos a dichas tecnologías operada por la PPSOE –primero ZP, que creó el IVPEE, y después Rajoy, que le dio un tajo del 40% a los incentivos a las renovables- aplicando las técnicas domésticas que practican desde hace años muchas instituciones, particularmente la AEAT, en las que en un momento dado cambian las reglas de juego y que cada palo aguante su vela. Esta vez, sin embargo, los inversores internacionales en renovables eólicas y solares no se van a dejar atropellar, sobre todo desde que España no sólo retirara esos estímulos, sino que reclamara retroactivamente los mismos a sus beneficiarios, riéndose de la necesaria seguridad jurídica también en el plano internacional.
Los inversores afectados –que ya no acuden a las subastas de renovables en España que se han quedado desiertas en su última convocatoria de finales de 2022 dejando en ridículo al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico de Teresa Rivera- trataron de solucionarlo negociadamente pero la intransigencia de los sucesivos gobiernos de la PPSOE les obligaron a acudir al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) perteneciente a la Corte del Banco Mundial cuyas resoluciones han sido abrumadoramente favorables a sus intereses, ganando todos los procesos sustanciados hasta el momento y demostrando, con ello, la injusticia de la política renovable española. Las reclamaciones presentadas hasta ahora suman 9.500M€ y se espera que todas sigan la doctrina elaborada por el CIADI en los primeros laudos de este tipo de casos en los que ordena la restitución de los incentivos comprometidos contractualmente por España con dichos inversores. Lo peor de todo -como siempre- llega con Sánchez que lejos de intentar revertir el marrón se planta y se niega a cumplir con la ejecución de estos laudos situando a España como tercer país más incumplidor del mundo, solo por detrás de Rusia y Venezuela.
Para seguir forzando la situación, España acaba de activar el protocolo para salir del Tratado de la Energía, la carta internacional suscrita por la mayoría de economías desarrolladas que exige, lógicamente, garantizar la seguridad jurídica a aquellos que inviertan en ese sector desde la órbita internacional. La reacción de los inversores no se ha hecho esperar y han llevado este turbio asunto del impago de las indemnizaciones correspondientes a la retirada de dichos incentivos a los organismos internacionales: tanto ante el FMI como ante las principales agencias de calificación de deuda soberana (Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch) que, si nos bajan el rating, tras el abandono del BCE que ya no va a asumir más colocaciones de España, va a provocar que nuestra desmesurada deuda pública sea muy difícil de colocar, disparando además los tipos a ofrecer para lograrlo, lo que a buen seguro ahogará a nuestra débil economía con el servicio de la misma. Un pan como unas tortas.
En definitiva, todo esto pone de manifiesto el timo de las renovables para los españoles como tecnologías que, sin incentivos –subvenciones al fin y al cabo-, no tienen hueco en el mercado por su ineficiencia. Los inversores internacionales nos han puesto, con razón, la soga al cuello porque no es de recibo que se cambien las reglas a medio partido intentando hacer bueno el dicho de ‘la banca siempre gana’, llegando hasta el punto de poner en entredicho la solvencia de nuestra economía y, por lo tanto, de nuestro país, ya que el próximo mes de febrero, si no cobran, solicitarán la confiscación de activos de España en otros países por el valor total de las indemnizaciones correspondientes al volantazo renovable. Un cuadro como el ruso cuando quiso redenominar unilateralmente sus contratos internacionales de petróleo a rublos. La responsabilidad claramente es de una PPSOE que no sabe navegar porque cuenta con una marinería analfabeta en línea con la que exhiben los cuadros de ambos partidos y que luego tratan de corregir con su habitual bandolerismo jurídico. Algo que de puertas para adentro cuela, sobre todo por tener amarrados a los grandes tribunales (TS y TC), empero que de puertas para afuera no lo hace porque existen instituciones que todavía se resisten al chalaneo político. Pintan bastos.
