El criterio de los tribunales parece estar cambiando en el sentido apuntado por un reciente Auto de la AP de Las Palmas que, analizando la legalidad de una prueba presentada en un procedimiento penal, reconoce el derecho de los padres a consultar el móvil y las redes sociales de sus hijos menores de edad para controlar su comportamiento, extremo que va más allá del criterio consolidado hasta ahora de permitirlo solo cuando los hijos fueran víctimas de un delito o estuvieran en grave peligro. En caso contrario, esos padres podrían incurrir en una vulneración del derecho a la intimidad de sus hijos menores, siguiendo el 18 CE, al entrar sin consentimiento tanto en los dispositivos como en las redes de los mismos.
En el caso analizado, una menor denunció por abusos sexuales a la pareja de su madre y ésta presentó como prueba exculpatoria unas conversaciones del móvil de la niña por Instagram con otra amiga que desacreditaban la denuncia de su hija hasta el punto de convertirla en una denuncia falsa. El Auto de la AP de Las Palmas analiza los límites del derecho a la intimidad que, por supuesto, alcanza a los menores de edad. Tirando de la Jurisprudencia, la AP de Las Palmas recuerda que la Sala II del TS ya dictaminó que «la intromisión en el ámbito de la privacidad de un menor, en el derecho de intimidad, perpetrado por un tercero ajeno al núcleo familiar no puede equipararse a la intromisión en dicho ámbito que sea perpetrada por quienes no son titulares de la Patria Potestad» aunque limitara esa capacidad a que dicha intromisión estuviera «destinada a la protección de otros derechos o ámbitos del menor o a la evitación de situaciones de riesgo que pueden derivar del mal uso de las redes sociales». Partiendo de esto, la AP de Las Palmas va más allá y no señala ningún límite a los padres a la hora de vigilar el comportamiento de sus hijos porque, para la misma, esas capacidades son propias de la patria potestad de los padres para lograr la correcta educación de sus hijos. Sin duda, estamos ante un paso adelante para devolverle el poder a las familias a la hora de educar a los menores atendido el desastre de conductas que se palpan con claridad en nuestra sociedad por culpa de dotar de derechos a quienes se libera de obligaciones. Está claro que la patria potestad de los padres está muy muy por encima del derecho a la intimidad de los hijos.
Además, en este caso concreto, resulta que dicha prueba obtenida por la madre al revisar los dispositivos electrónicos de la hija resulta muy relevante para apreciar la culpabilidad o no de una persona investigada por un delito grave. No obstante, el Juzgado de Instrucción que lleva la causa inadmitió dicha prueba al haberse obtenido, a su juicio, de forma nula, por la vulneración del derecho a la intimidad de la menor. En apelación, la AP de Las Palmas responde con un Auto en el que destaca como «cabe dentro de las funciones tuitivas, de protección y de control que corresponde a los padres, el acceso a datos desde luego trascendentales en la conducta que adopta el menor (…) pues un aspecto no menos determinante del control de los hijos, es garantizar un comportamiento adecuado» y, por ello, entiende que no cabe ningún reproche a la conducta de la madre porque su obligación no solo se extiende a la protección y el control de su hija, lo que restringe el derecho a la intimidad de la menor, sino que alcanza también el poner en conocimiento de la Justicia los comportamientos inadecuados de la misma, sobre todo en un caso en el que dicha conversación puede resultar determinante para eximir de culpa a quien se enfrenta a la grave acusación de abusos sexuales.
Este es el camino para lograr una sociedad de ciudadanos respetuosos con los demás y, en el terreno jurídico, está claro que ningún derecho, como este Derecho a la Intimidad, es absoluto, sino que entra en relación con otros que necesariamente lo modelan como aquí ocurre con el Derecho a la Tutela Judicial Efectiva y con el Derecho al Honor del investigado. Saludos para la AP de Las Palmas que en definitiva apuesta por la Justicia Material algo que nunca nadie debería perder de vista.
