Lo primero que tiene que saber un ciudadano –y que no le enseñan en el Servicio Público de Educación– es que la democracia exige límites y principios que, normalmente, se plasman en un documento que llamamos Constitución. La Constitución es, en el fondo, ese conjunto de límites que la ciudadanía impone a los Poderes Públicos, particularmente al Ejecutivo y al Legislativo, para que con el poder que se les confiere –ya que la soberanía emana del Pueblo– no puedan luego pisotearte y deban respetar, por encima de cualquier cosa, los derechos y las libertades públicas que ese Pueblo se da a través de la Constitución. De esta manera, en un país auténticamente democrático, ningún poder público puede saltarse legalmente los límites que le impone la Constitución. Podrá cambiarla, contando con las mayorías necesarias, pero nunca saltársela.
En España, sin embargo, desde los albores de la llamada democracia, asistimos a operaciones políticas protagonizadas por la PPSOE –ese contubernio entre el PP y el PSOE que nos está llevando a la ruina– que ora soslayaban ora chocaban con la aplicación de la Constitución del 78. Todo valía y todo vale para satisfacer sus espúreos intereses. Ahora, estamos asistiendo a otro de estos capítulos con las concesiones/delegaciones a los partidos nacionalistas, protagonizadas por un PSOE que carece de una mayoría de gobierno, que conculcan abiertamente el texto constitucional. Desde la amnistía, que va contra el 14, el 62 y el 117 CE, hasta la programada cesión7delegación a la Generalidad de Cataluña de todas las competencias en materia de control de fronteras –portuarias, aeroportuarias y terrestres—incluida la inmigración y la extranjería, con la documentación aparejada, frente a las competencias estatales exclusivas que establece el 149 CE y que no pueden delegarse ex 150 CE.
Se vale todo. Esa es la auténtica diferencia con un país auténticamente democrático y constitucional. En ese tipo de país la Constitución establecería unos límites que nadie, sin cambiarla previamente, se podría saltar. Existiría una separación de poderes que posibilitaría que el Poder Judicial metiera en cintura –o en la cárcel—a los Poderes Ejecutivo y/o Legislativo que pretendieran saltarse los límites constitucionales en contra del Pueblo que los estableció. En España, sin embargo, vemos como la PPSOE tiempo ha que colonizó todos los altos tribunales, particularmente el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, para hacer lo que le viene en gana sin sujeción a ningún tipo de límite. El argumento que utilizan para defender semejante tropelía es tan populista como falso: el poder supuestamente democrático –algo muy falso porque tampoco existe representación— no puede tener límites jurídicos. Esto nos conduce a la dictadura que realmente tenemos, merced al adoctrinamiento que sufriste desde las aulas –y desde tu propia casa—acompañado de la letanía democrática que cada día entonan los grandes medios de comunicación y su equipo de opinión sincronizada. No lo es. La realidad es que España no es democrática ni constitucional.
En consecuencia, España tampoco es ese estado social y democrático de derecho que sugiere la Constitución, sino una suerte de dictadura parlamentaria –con Franco también se votaba y había Cortes– donde no votas a ningún representante tuyo, sino a un partido que luego nombra a sus propios representantes para que hagan, lógicamente, lo que al partido interesa. Lo más cierto es que administran un poder omnímodo. Ni siquiera la prensa es libre, sino tributaria de grupos económicos a los que el gobierno asiste a cambio de que pongan su música. Nadie vigila para el Pueblo. En definitiva, estás en un país aconstitucional, donde la Constitución es meramente nominal y no es respetada por nadie, ni el Pueblo cuenta con mecanismos para hacerla respetar. Por eso, los políticos campan por sus respetos.
¿De qué te sirve saberlo? Te sirve para no caer en la trampa de la PPSOE. Te sirve para tomar decisiones fundadas en la realidad. Te sirve para que puedas luchar contra este régimen corrupto –como lo son todas las dictaduras—dejando de votar a cualquiera que haya participado en ese poder hasta la fecha. Te queda la palanca del voto y debes utilizarla para cambiar este régimen autoritario por otro realmente democrático. La política, lo quieras o no, decidirá tú vida y tú futuro. Yo siempre preferiré ser el dueño de mi destino. Si quieres recuperar tú derecho a participar realmente en las decisiones que marcarán tú futuro y el de los tuyos tendrás que abandonar definitivamente a la PPSOE y apostar por cualesquiera otras opciones políticas de las muchas que concurren a las elecciones siempre que no hayan tenido nada que ver con el régimen dictatorial montado por la PPSOE. Reflexiónalo.
