La querella de Campechano contra Miguel Ángel Revilla (el populista ex presidente de Cantabria) por una serie de declaraciones en los medios, entre el 2022 y el 2025, que ahora tachan de calumniosas e injuriosas, es lo que le faltaba a la Casa Real para la cuadratura del círculo (aunque dicen no saber nada). Si continúan así, estos tíos lo consiguen. El otro día comentaba aquí (ver ‘La Corona y del Derecho a la Información’) la insoportable situación de ver a la Casa Real tapando todas sus cuitas, particularmente las de Leonor, en lugar de ser un ejemplo en todo, empezando por la transparencia.
Allí, apuntaba que el Derecho Fundamental a la Información se recoge en el 20 CE (“A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción … A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión … no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”) y encuentra sus límites en otros derechos, también reconocidos en la Constitución, como el Derecho al Honor, a la Intimidad, a la Propia Imagen (ver ‘Periodistas, Editores y libreros’).
Ahora, denuncian que esa serie de manifestaciones públicas donde Revilla ha pasado de loar a Campechano –antes conocido como Juan Carlos I—a calificarle de ‘evasor fiscal’, prometiendo que «no le voy a dejar en paz hasta que no vuelva de allí con todo el dinero y no lo ponga a recaudo del patrimonio de España», vulneran el 18.1 CE (“Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”). No obstante, advierten que solicitaron un acto de conciliación ante los Juzgados de Primera Instancia de Santander en aras evitar este litigio donde solicitan la rectificación pública en los mismos medios donde fueron vertidas y una indemnización por daños morales de 50.000€ que, para quedar bien, dicen que donarán a Cáritas España.
Campechano es plusmarquista mundial de escándalos de todo tipo –recordad aquello de “lo siento, me he equivocado, no volverá a pasar”– que han dado paso a todo tipo de críticas, desde las más lacerantes hasta las más comprensivas, empero hasta ahora nunca había demandado a nadie. Esta nueva iniciativa es inaguantable por muchos motivos, empezando porque quiere meter miedo reclamando dinero para cambiar los límites de la crítica política a las figuras públicas –donde, sin duda, encontrará a muchos aliados poderosos—y porque, en el fondo, lo que pretende es limitar nuestros Derechos y Libertades Fundamentales imponiendo una auto censura previa ya que, si prospera esta reclamación, todos deberemos tener pies de plomo antes de expresar cualquier opinión, aunque se trate de una figura pública que vive del erario público. Tendremos que tener mucho cuidado porque el Poder Ejecutivo trata de controlar al Poder Judicial y esto es muy peligroso. De lo que no hay duda es de que, en una sociedad auténticamente democrática, esto nunca pasaría porque quedaría amparado por la libertad de expresión y por el derecho a la crítica política.
Entre las infinitas barrabasadas del personaje hay dos que lo retratan especialmente: el ‘Caso Corinna’ y el ‘Caso Bárbara Rey’ (ver entradas ‘La sombra del ciprés es alargada‘, ‘Cuándo el género es el poder‘, ‘¿Campechano acosado?’ …). Ambas, han dejado perfectamente acreditado –luego es una información veraz y no un insulto o una calumnia– el hecho de que Campechano está en posesión de una fortuna que para nada se corresponde con sus emolumentos como rey de España –hasta el punto de que su hijo, para calmar los ánimos, declaró que renunciaba a esa herencia— por lo que me inclino a pensar que, dentro de un marco lógico y jurídico, este caso lo tiene ganado Revilla al tratarse no solo de opiniones personales sobre el principal personaje público de este país, sino por estar en concordancia con lo ya publicado y acreditado previamente. En estas circunstancias considero improbable que un juez que se vista por los pies pueda declarar que tales opiniones vulneran el derecho al honor de Campechano cuando todos, en España y en el Mundo entero, sabemos desde hace años que es un evasor fiscal de libro.
A mayor abundamiento, creo que, cuando se pierde el Honor, éste ya no puede recuperarse. Así las cosas, creo que difícilmente nadie pueda ya vulnerar el derecho al honor de Campechano al ser una persona sin honor a consecuencia de sus reiteradas e indecorosas conductas que, para más inri, han venido amparadas siempre por el 56.3 CE (“La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”). Esa irresponsabilidad jurídica, que no moral, no puede suponer por contra la responsabilidad de un Revilla que se ha limitado a decir en voz alta una verdad ya conocida por todos. No se puede menoscabar aquello que una persona no tiene. La única respuesta posible a esta nueva zanganada de Campechano es aquel célebre «¿¡Por qué no te callas!?”
