En el camino de romper la nación, emprendido por el gobierno (PSOE-UP) junto con sus socios nacionalistas, separatistas y la propia ETA, amén de poner en la calle a etarras, golpistas catalanes y violadores y pederastas, apreciamos otras iniciativas igual de siniestras pero menos evidentes como son los nuevos impuestos, supuestamente temporales (2023 y 2024), aprobados en el Congreso por esa mayoría franquenstein: los impuestos estatales a la banca y las energéticas (por beneficios extraordinarios) y a las grandes fortunas (por solidaridad), en los que nos fijamos hoy, sobre todo porque, nada más aprobarlos, el PNV ya maniobraba para que no se aplicasen en el País Vasco.
La banca y las energéticas se pueden defender a sí mismas, pero quizá alguno de los 23.000 ciudadanos afectados por el nuevo ‘Impuesto de Solidaridad a las Grandes Fortunas’ pueda tener dudas o preguntas. Indicarles que, en realidad, se trata de un ‘impuesto político’ dirigido contra las 10 CCAA que bonifican el Impuesto sobre el Patrimonio (IP) en tipo o en cuota (Madrid, Andalucía, Galicia, Cataluña, Asturias, Cantabria, Murcia, Baleares, País Vasco y Navarra) ya que, para el resto (La Rioja, Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha, Canarias, Extremadura y Castilla y León), no tendrá efecto práctico al resultar deducible la cuota abonada en ese Impuesto de Patrimonio que, en las mismas, ya presenta tipos iguales o superiores al nuevo y sin bonificaciones.
Estamos ante un Impuesto de Patrimonio Bis con tres tramos: (i) a los patrimonios entre 3 y 5,3M€, se aplicará un tipo del 1,7%; (ii) a los patrimonios entre 5,3 – 10,6M€, se aplicará un tipo del 2,1%, y (iii) a los patrimonios a partir de los 10,6M€, se aplicará un tipo del 3,5%. Utiliza las reglas ya conocidas del impuesto al que dobla, estableciendo un mínimo exento de 700.000€, en el que no se contabilizan activos y bienes relativos a la vivienda habitual (hasta 300.000€), la empresa familiar o las deudas, por lo que a efectos prácticos incidirá en fortunas a partir de 3,7M€ que no tributan ya por IP, para intentar recaudar unos 1.500M€ anuales suplementarios. Lo más curioso es que tras impulsar su aprobación para 2023 -al formar parte de la mayoría franquenstein- el PNV está maniobrando para que ese IP Bis no se aplique en su territorio –donde el IP normal es más beneficioso que en otras CCAA- argumentando que «el País Vasco ya tiene un Impuesto de Patrimonio suficientemente alto y el de Grandes Fortunas va especialmente dirigido a aquellas comunidades autónomas que no lo han aplicado o que quieren dejar de hacerlo. No es nuestro caso. No parece que sea necesario implantar este impuesto en Euskadi porque aquí funciona razonablemente bien el de Patrimonio y el País Vasco no ha jugado nunca con este tema».
Con todo, se aprecia tanto la nueva chapuza, que nos venden como si fuéramos idiotas (asegurando que todo lo recaudado irá a «políticas de apoyo a los más vulnerables«), cuando lo más cierto es que el Estado no va a recaudar nada porque las CCAA afectadas reaccionarán bien subiendo los tipos para cuadrarlos con los del nuevo ‘impuesto de solidaridad’, quedándose así con el dinero, bien modificando otros impuestos cedidos para seguir presentando la mejor cara impositiva posible respecto al resto; como el rupturismo que supone aprobar un impuesto para que se lo apliquen a otros. Al margen de estas dos características que impregnan toda la acción del gobierno franquenstein, lo peor de todo es que esos nuevos impuestos abundan contra la unidad de mercado -nacional y comunitario-, contra la igualdad de todos los españoles, y contra la competencia de las CCAA sobre el IP que les confiere la normativa vigente, por lo que puede desatarse un nuevo conflicto competencial y constitucional. En el fondo, vemos como en lugar de sujetar y recortar el gasto público –que permitiría, a su vez, rebajar o eliminar muchos impuestos- el gobierno supuestamente progresiva apuesta por la peor política fiscal posible para seguir dilapidando el dinero en sus mamarrachadas y propaganda, atentando entre otros contra los Arts. 14 y 31 de una Constitución que se celebra hoy, mientras se la cercena poco a poco.
