Todo es tan nuevo que ya estaba regulado en la Antigua Roma. Allí el cursus honorum era el nombre que recibía la carrera política de un ciudadano al ir ocupando las distintas magistraturas. El cursus honorum senatorial, normalmente tras un servicio militar previo, constaba de seis magistraturas ordinarias jerarquizadas (cuestura, edilidad, tribunado, pretura, consulado y censura) y de una extraordinaria (dictadura) que concedía el Senado, con el límite temporal de seis meses, solo en caso de peligro extraordinario exterior o interior. La misma palabra señala que era un curso de honor basado en la eficacia donde, si fracasabas, difícilmente podrías avanzar y donde sería imposible culminar esa carrera sin éxitos. Esa Roma no ha llegado hasta nosotros. Ahora, nuestros gobernantes son el desecho de tienta de la sociedad civil y tienen como único mérito poder cambiar de opinión y llevar siempre las rodilleras puestas. Vivimos un auténtico cursus deshonorum y así nos va con la maldita PPSOE.
Este cursus deshonorum ha traído la rampante corrupción. Muchos, los mejor pagados, siempre partidistas, hablan de la corrupción del Sanchismo, que ciertamente existe y llega a ser lacerante, mientras otros, los menos, los independientes, hablamos de la corrupción del Régimen del 78 que nació corrompido tras una oscura Transición que, lejos de alumbrar una democracia, alumbró un Franquismo 2.0, un Franquismo con chaqueta de pana. La corrupción se viene extendiendo desde entonces gracias al fenómeno político que he dado en llamar ‘La PPSOE’, que surge cuando los partidos mayoritarios herederos directos del Franquismo, el PP y el PSOE, se dan cuenta de que la Constitución es un soberano coñazo y que los límites al poder no van con ellos. En ese momento, el Franquismo 2.0 tomó carta de naturaleza dando paso al sistema autoritario en el que vivimos que, poco a poco, al merme, se está haciendo con el resto de Poderes –ya tiene el Legislativo, el Ejecutivo, la Prensa y parte del Judicial—y con cualquier institución que suponga un contrapeso.
En esto de la corrupción hay dos caras: la del corruptor y la del corrompido. En la naturaleza del poder está el corromper para agrandarse y afianzarse. Sin embargo, en la naturaleza humana existe la posibilidad de disentir, de rebelarse, de no entrar por el camino fácil. Creo que ahí está la clave. El poder político querrá siempre comprarte de diversas maneras, pero está en la persona que ocupa una determinada posición el no dejarse corromper, más aún si ocupa un cargo público o privado del que no puede ser removido. ¿Existe un valor mayor que hacer lo correcto? De hacer lo correcto estarás orgulloso tú, toda tú familia y todos los que lo han visto por generaciones. De ser un mierda, nadie se enorgullece. Lo vemos con Sánchez: quería pasar a la Historia, pero va a pasar a la historia de la infamia. ¡Este sinvergüenza ha hecho buenos a ZP y a Rajoy!
La corrupción de los magistrados del TC es la que les ha llevado a declarar constitucional la Ley de Amnistía del procés abiertamente inconstitucional. Una ley que dinamita la función limitadora del Poder Legislativo que tiene cualquier Constitución. No es que lamine principios democráticos básicos, sino que destruye el maltrecho Estado de Derecho basado en que la Constitución es el límite que el Pueblo impone al Poder Legislativo. Sin ese límite, el Poder Legislativo deviene omnímodo y, por ende, antidemocrático. Esa ley deroga el 9.3, 14 y 117 CE que garantizaban, respectivamente, la seguridad jurídica, la legalidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos; la igualdad ante la ley y la potestad exclusiva del Poder Judicial para juzgar y hacer ejecutar lo juzgado. Ahora ya se vale todo. ¡Esta es la democracia de la PPSOE!
Cualquier mayoría franquenstein podrá, a partir de ahora, al no contar el ciudadano ni con un contrato electoral ni con los límites constitucionales, hacer con nosotros lo que quiera. Con un papelito podrán pasarte por encima ‘legalmente’. Supongo que esta es la reconciliación de la que habla la Ley de Amnistía: una reconciliación con la ley del más fuerte. Esa basura de amnistía no es un acto de reconciliación, sino un pasaporte doble que, en el haz, exhibe la impunidad del Poder y, en el envés, la culpabilidad de la ciudadanía opositora.
La destrucción no es total aún porque quedan pendientes varias cosas: por un lado, la aplicación de eta STC a los recursos planteados por los líderes del procés ante el TC y, por otro, por las decisiones del TS en orden a ejecutar lo juzgado con arreglo a dicha STC. Por eso, el gobierno anda detrás de que el TS no eleve una cuestión prejudicial al TJUE sobre dicha ejecución y en controlar, mediante la llamada ‘Ley Bolaños’, a todos los Juzgados y Tribunales, una vez constatado que, en ocasiones, controlar al TC, al TS y al CGPJ no es suficiente. La solución está en tus manos: apuesta por hacer siempre lo correcto, aunque te perjudique, y deja de votar a la PPSOE. De lo contrario, nos iremos todos al tacho, tú incluido.
