La Conferencia Episcopal Española (CEE) sale al paso de la decisión política del Ayuntamiento de Jumilla de no ceder los espacios públicos municipales para la celebración de fiestas religiosas musulmanas. La CEE denuncia que se trata de un veto religioso que “no puede darse en sociedades democráticas” porque va contra el derecho a la libertad religiosa del 16 CE que “garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”, por lo que solo “la perturbación del orden público” podría habilitar la intervención de las autoridades municipales.
La CEE reclama que la decisión de dicho ayuntamiento sea valorada “con objetividad por especialistas y con criterios técnicos para que no responda a una decisión arbitraria o ideológica” y, a sensu contrario, pide que, si esas restricciones buscan proteger el bien común, se deberían “extender a cualquier tipo de manifestación que se realice en espacios públicos” porque “la limitación de estos derechos atenta contra los derechos fundamentales de cualquier ser humano, y no afecta solo a un grupo religioso, sino a todas las confesiones religiosas y también a los no creyentes”. Un sofisma como la copa de un pino por cuanto la medida no va contra el culto musulmán, sino contra que el mismo se desarrolle en las instalaciones deportivas municipales y porque otras muchas manifestaciones sociales sí tienen cabida en dichos espacios, fundamentalmente las deportivas. No estamos ante un veto religioso, sino ante un truco de la CEE.
Una vez más, tenemos a la Iglesia Católica metiéndose en asuntos que no le competen. Lo hace –igual que siempre—con la aquiescencia de los partidos políticos que, aunque se dicen laicos y defensores de la aconfesionalidad del Estado –el 16.3 CE señala que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”–, en realidad siguen vinculados a la CEE porque la inmensa mayoría del Pueblo Español se declara católico. Es la pescadilla que se muerde la cola porque eso es así precisamente porque la Iglesia va de la mano del Estado desde que España es España, allá por el 1.100 d.C. El voto católico sigue siendo decisivo y, por eso, los partidos no pierden nunca de vista a la CEE. Incluso los promotores de dicha medida son los que más católicos acumulan en sus filas: según el barómetro del CIS, el 80% de los votantes del PP y el 63% de los de VOX se declararon católicos en las pasadas Elecciones Generales de 2023.
Lo más cierto es que la CEE, en lugar de atender a las necesidades de sus fieles, se dedica a hacer política, consciente de que ahí está la base de su poder. Se dicen defensores de la Constitución, empero se olvidan de muchos de sus preceptos. Verbigracia, del 2 CE, que habla de la indisoluble unidad de la Nación española mientras la CEE se ha especializado en encamarse con los separatistas de todas las regiones de España; del 17 CE, que garantiza la libertad y la seguridad sexual de los españoles que se ha visto y se ve violentada por miles de abusadores que la CEE esconde aún en su seno, o del 46 CE que apuesta por conservar y promover el patrimonio histórico y cultural español que nace, de hecho, por oposición a la religión musulmana, etc…
Tenemos un problema con la Iglesia Católica en España. Lejos de suponer una ventaja, está detrás de nuestro atraso secular y es una especie de palo en la rueda de nuestra sociedad. Su influencia en el Estado la podemos observar con nitidez en el ámbito fiscal: desde las infinitas exenciones a su favor hasta la posibilidad de financiarse con nuestros impuestos (lo de la x en el IRPF). Los políticos repiten aquello de ‘al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’, pero siempre los verás rodeados de curas en todos los actos públicos. ¿Qué aconfesionalidad es esa?
Hasta que no saquemos a todas las iglesias del Estado será muy difícil avanzar. Hace tiempo que pasaron a configurarse como una herramienta de control social gracias al adoctrinamiento que dispensan. Los políticos están interesados en ese control y, por eso mismo, están interesados en las confesiones. Contribuyen a la dominación y esa es su conexión con el Estado. El Estado, pues, no es aconfesional ni los partidos son laicos, sino todo lo contrario. Es otro de los trucos de la PPSOE para mantenerte dentro de su sistema de extracción de rentas y control social. Si lo que quieres es vivir libre dentro de un sistema que te permita realizarte como persona, tendrás que empezar por no votar nunca más a la PPSOE y buscar otra alternativa política que persiga la racionalidad. Buen verano.
