El Tribunal Supremo abre juicio oral al Fiscal General del Estado (FGE) por delito de revelación de secretos, rechaza la suspensión cautelar de sus funciones y le requiere una fianza de 150.000€ para asegurar las posibles responsabilidades pecuniarias si resultara finalmente condenado. La Sala II del TS, tras resolver los recursos planteados durante la instrucción y recibidos los escritos de acusación, acaba de dictar un Auto de Apertura de Juicio Oral a Álvaro García Ortiz por un presunto delito de revelación de secretos por, indiciariamente, haber facilitado a un medio de comunicación el contenido confidencial de un correo electrónico que, previamente, el abogado del novio de la presidenta de la CCAA de Madrid había enviado al fiscal que lleva ese caso y todo para que su contenido fuera utilizado como arma política arrojadiza por el gobierno Sánchez que lo nombró.
El Auto destaca como el FGE, indiciariamente, reveló, “en su condición de fiscal general del Estado, secretos de los que pudo haber tenido conocimiento por razón de su cargo, como presumible autor de un delito previsto y penado en el art. 417 CP, pues, como se viene exponiendo, no concurre supuesto alguno por el que sea procedente algún tipo de sobreseimiento”. No obstante, rechaza la petición de suspensión de funciones solicitada por la Asociación Profesional e Independiente de Fiscales (APIF), empero remite el Auto a la Inspección Fiscal de la Fiscalía General del Estado para que, en su caso, resuelva lo que proceda y le informe de la decisión adoptada.
Dicho correo, remitido por el abogado del novio de Ayuso el día 02.02.24, contenía “información sensible relativa a aspectos y datos personales de un ciudadano, que habían sido aportados con vistas y a los efectos de un ulterior proceso penal, en el curso de unas conversaciones privadas entre su letrado y el fiscal encargado del caso, sujetos a los criterios de reserva y confidencialidad por parte de la Fiscalía, que han de presidir este tipo de conversaciones, como habría de ser en cumplimiento del protocolo de conformidad suscrito por la Fiscalía General del Estado y el Consejo General de la Abogacía, y que llevan aparejado un deber de discreción, por razón del cual no es tolerable divulgación alguna a terceros sin autorización del interesado, cuya reputación bien pudiera verse perjudicada por esa revelación”. Una filtración que, a juicio del instructor, “pone en cuestión el prestigio de la institución, con el menoscabo que ello comporta, si ponemos la mira en el cometido y función constitucional que le viene encomendada al Ministerio Fiscal, sujeto en esa función a principios como el de legalidad e imparcialidad, que pueden quedar en entredicho en la medida que su actuación se viera comprometida por indicaciones externas, y, sin duda, tener indudables efectos perjudiciales en el fundamental derecho de defensa del afectado”.
El Auto de Apertura, por tanto, trae causa de esa “información confidencial de la que tuvo conocimiento por razón de su cargo como Fiscal, le dio una publicidad que no debió alcanzar, como alcanzó, al salir del ámbito de reserva para el que fue concebida” concluyendo que la dicha acción podría ser constitutiva de un delito de revelación de secretos del 417.1 y 2 CP, del que resultaría responsable penalmente el FGE. En cuanto a la fianza, el instructor rechaza los 300.000€ solicitados por la acusación particular y “en una valoración de conjunto de todos los anteriores conceptos, a los efectos de asegurar la totalidad de las responsabilidades pecuniarias, se fija una fianza en la cantidad de 150.000 euros”, que podrá aportar en el plazo establecido de cinco días en cualquiera de las formas admitidas en derecho.
Finalmente, el instructor señala que será la Sala de lo Penal del TS la competente para juzgar estos hechos y concede a la defensa diez días para presentar el escrito de defensa frente a las acusaciones formuladas. Veremos donde nos lleva un caso que parece muy claro jurídicamente, a pesar de que los medios de comunicación de partido y el equipo de opinión sincronizada se estén dejando la piel para enturbiarlo todo.
