Ayer hablábamos del problema que supone la corrección política a la hora de generar soluciones para la sociedad. Más aún en un tema tan sensible socialmente como es la delincuencia y la falta de seguridad. Más aún cuando una parte importante del mismo tiene origen en personas extranjeras. Ponía como ejemplo de lo que no se debe hacer lo ocurrido en UK con el ‘Caso Rotherham’. Hoy quiero completar dicha exposición con datos acerca del origen de la población reclusa en España y con los porcentajes de delito que acaparan, precisamente, los delincuentes extranjeros, poniéndolos en relación con el conjunto de la población.
La inmigración, como todo, tiene sus consecuencias. Casi todos generamos problemas, desde los nacionales hasta los extranjeros. No obstante, en España, la delincuencia de origen extranjero se ha convertido en un problema relevante tal y como lo acusa el debate social y político. La política migratoria es cada vez más confusa y opaca, negándole a los ciudadanos un conocimiento exhaustivo de lo que está ocurriendo en realidad. Todos callan o disimulan. Lo hacen porque la inmigración y el delito están relacionados como lo demuestra la estadística. El INE, en datos de 2022, señala que los extranjeros representan aproximadamente un 11,5% del total de residentes en España (unos 5,5M sobre un conjunto de 47,5M). Sin embargo, representan el 26% de los penados por delito en España. Los extranjeros residentes en España delinquen tres veces más que los españoles y estos porcentajes se disparan cuando hablamos de delitos con violencia y de delitos sexuales.
En esta misma línea, Instituciones Penitenciarias informa de que, actualmente en España, tenemos y sostenemos a 13.944 presos extranjeros, sin contar con los centros de Cataluña y País Vasco que tienen transferidas las competencias, abarcando hasta 129 nacionalidades. No obstante, cuatro nacionalidades suponen el 53,75% de todos los presos extranjeros: Marruecos (3.841 internos, un 27,55% del total), Colombia (1.502), Rumanía (1.156) y Argelia (1.000). La realidad es que extranjeros, aunque no alcanzan el 12% de la población total, están detrás del 32 % de los homicidios, del 39 % de las violaciones y del 47 % de los robos con violencia, lo que desemboca en que el 25,81% de la población reclusa es de origen extranjero. Doblan su peso en la sociedad.
Ahora, el debate sobre la colocación/reparto de los MENAS pone de manifiesto todo esto. De una parte, el buenismo y la corrección política impiden llamar a las cosas por su nombre y enfocar el problema objetivamente. De otra, el constante miedo a que te etiqueten de racista, islamófobo o francopantano contribuye a un enfoque sesgado que, por supuesto, impide la solución racional del problema. Lo más cierto es que tenemos un problema con la inmigración tanto legal como ilegal. Algo no se está haciendo bien cuando los extranjeros lejos de mantener una proporción lineal con los delitos, mantienen otra exponencial. Algo tampoco se está haciendo bien cuando han entrado a trabajar un contingente de más de 3M de personas mientras mantenemos en el paro a un contingente equivalente de otros 3M de personas. Algo se está haciendo muy mal cuando un menor nacional no puede hacer prácticamente nada sin el concurso de sus tutores legales y, ahora, pretenden que los MENAS puedan hacerlo todo sin necesitar de ningún tutor.
Más allá del tema del reparto, que es una zarandaja política –aunque pone de manifiesto que no son tan buenos porque entonces Cataluña se apropiaría de todos–, lo mollar es que tenemos un problema con el control de fronteras y con la política sobre inmigración que los causantes –los políticos—no padecen, pero que sí padecen los ciudadanos, particularmente las capas más humildes de la población. En ningún sitio regalan nada y no veo la razón por la que debemos hacerlo nosotros. Hace unos días leí en El Confidencial la odisea del jugador de rugby español Joel Merkler para hacerse un hueco en Francia donde decía: “aquí nadie te regala nada y menos si eres extranjero”. En España, sin embargo, muchos lo tienen que hacer todo para que otros no hagan nada. Así no vamos a ninguna parte. Necesitamos una política sobre inmigración que admita, claro que sí, a las personas que realmente necesitamos y que vayan a aportar algo a nuestra sociedad. Solo así pueden funcionar las cosas. Por el contrario, tendremos que no permitir la entrada e incluso expulsar a aquellos que no aportan nada. Si son delincuentes, tendrán que irse por lo civil o por lo militar. En cuanto a los MENAS, no debería permitirse la entrada de ningún menor no acompañado y punto. No es ultraderecha, no, es sentido común.
