Tercera y última entrega de un culebrón basado en el tráfico de influencias que venimos siguiendo con las entradas ‘Reclamando Influencias’ y ‘No siempre se gana con el tráfico de influencias’ en las que glosábamos las aventuras de MARTÍNEZ-ECHEVARRÍA ABOGADOS para entrar en el ‘mercado de las influencias políticas’ fichando a dos ex pesos pesados de CIUDADANOS como eran Albert Rivera y José Manuel Villegas. Después, su mala cabeza jurídica generó un caso que no se ha podido llevar peor y que ha destruido doblemente su imagen pública: desde lo profesional, al salir escaldados en su propio terreno, hasta lo reputacional, por lo anterior y por intentar medrar políticamente. Una combinación letal que se salda con sendas condenas por incumplimiento de contrato y daños morales que suponen 1,3M€ para Rivera y 0,5M€ para Villegas, «más los correspondientes intereses legales«. ¡Cómo para encargarles un asunto!
El Juzgado de Primera Instancia Nº 8 de Madrid condena al despacho a pagar lo que debería haber pagado de cumplir con la cláusula 4ª de los contratos, que establecía una duración de 5 años a contar desde marzo de 2020, más los daños morales derivados de una «filtración de informaciones dirigidas a desacreditar a Albert Rivera» que resulta «objetivamente imputable a la demandada … Por ello se estima el lucro cesante del señor Rivera (en) 1.095.000 euros, y respecto al lucro cesante que le corresponde al señor Villegas (en) 490.000 euros«. A esos importes le suma otros 200.000€ para Rivera y otros 20.000€ para Villegas en concepto de «daños reputacionales o morales» con lo que «la suma total de estimación parcial de la demanda respecto al lucro cesante y daño moral del Sr. Rivera asciende a 1.295.000 euros, y en relación al Sr. Villegas la suma total del lucro cesante y daño moral asciende a 510.000 euros«.
A lo mejor, MARTÍNEZ-ECHEVARRÍA ABOGADOS lo considera una victoria porque Rivera reclamaba 6,1M€ (5M€ por la filtración) y Villegas exigía 1M€ (0,5M€ por la filtración), pero todos sabemos que se trata de la crónica de una muerte anunciada porque en las entradas precedentes ya dejamos señalado con claridad lo siguiente en 2022:
“… Este asunto, a mi modo de ver, contiene tres cuestiones merecedoras de comentario: (i) que, una vez más, se cumple el dicho que reza que “quien se defiende a si mismo tiene un tonto por cliente y un imbécil por abogado“; (ii) que dicha defensa deja muy mal al despacho como profesionales de la abogacía porque no sólo no han logrado alcanzar un acuerdo discreto para resolver ese entuerto cuando ellos ya no quieren mantenerlos en plantilla y cuando los otros tampoco quieren quedarse y, sobre todo y (iii), porque si lo de intentar comprar influencias es, ya de entrada, deleznable, lo que no admite un pase ni moral ni jurídico es el hecho de que una vez que no consigues materializar esas influencias en la medida que esperabas, porque Rivera ha precisado que la facturación del despacho pasó de los 16M€ a los 20M€ desde su fichaje, un 25% más, pretendas que tú desmedida ambición justifique un despido procedente. Resulta increíble, en definitiva, que alguien reclame argumentando en base a su propia iniquidad, más incluso tratándose de un despacho de abogados, por lo que estoy seguro de que si van a juicio el despacho va a salir muy mal parado… salvo que hayan comprado a más gente siguiendo con su política de tráfico de influencias”.
Contratad a abogados de verdad y dejaros de tráfico de influencias.
