Entiendo necesario recoger las reflexiones de Shakira en una carta abierta publicada recientemente en el diario El Mundo donde denuncia que la AEAT “parecía más interesada en quemarme públicamente en la hoguera que en escuchar mis razones” y que “una institución creada para el servicio de los ciudadanos no debería utilizar todo su poder y recursos para criminalizar caprichosamente a quien le conviene”.
Shakira relata cómo, a partir de 2011, las visitas a España se multiplicaron, pero no porque radicara aquí su centro de trabajo ni porque fuera residente fiscal en España sino porque quería que prosperara su relación con un Piqué que sí estaba atado a España por su contrato con el FCB. A partir de ahí los técnicos de la AEAT presentaron un relato infantil y moralista donde ella era la mala, una cantante frívola que evitaba cumplir con sus obligaciones fiscales, y ellos los buenos, los representantes de la ley y la justicia. De nada sirvió que nunca antes sus finanzas hubiesen sido cuestionadas ni en USA ni en la UE. La AEAT decidió criminalizarla desde el primer momento en un programa de la televisión antes incluso de que se celebrara el juicio pasando por encima de su derecho fundamental a la presunción de inocencia.
Shakira destaca como “el fin primordial de la AEAT no es castigar a quien no cumple, sino mostrar trofeos de caza para reconstruir una credibilidad en entredicho”. Y que este objetivo lo consiguen amedrentando a las personas, amenazando con la cárcel, alterando la tranquilidad de las familias y sometiendo al contribuyente a presión para quebrarlo. El resultado, en su caso, fue que el Estado español se quedó con una suma superior a la totalidad de sus ganancias de esos años una vez sumadas las cantidades pagadas voluntariamente y las multas que le impusieron. Para ella su paso por España supuso una década financieramente perdida, a pesar de haber dado 120 conciertos en 90 ciudades distintas.
A partir de 2015 Shakira añade se dio de alta como residente fiscal en España y, aunque la AEAT inicialmente admitió que durante los 10 años anteriores nunca fue residente en España, a renglón seguido pasó a inspeccionarla también por esos años. Entonces, la comunicación de buena fe de residencia se convirtió en una trampa por culpa de la prepotencia del Estado. La intención de la carta es dejar escrita su versión de los hechos y pasar página tras haber cerrado, en 2023, pactando con el MF, esa acta por el IRPF de los ejercicios 2012 a 2014 por los que le pedían 14,5M€ de cuota más otros 7M€ en sanciones. Después, en 2024, una jueza archivaría otro caso contra Shakira, por supuestamente defraudar otros 6,6M€ en el ejercicio 2018, y aún tiene pendiente de sentencia otra causa por el ejercicio 2011.
Tiene razón Shakira cuando señala que la AEAT cuando persigue a famosos trata de cobrar trofeos con lo que amedrentar al resto de contribuyentes y también tiene razón al señalar que no es propio de un estado decente tener una institución como la AEAT dedicada a criminalizar caprichosamente a quien le conviene con métodos que podríamos calificar de mafiosos e impropios de un Estado de Derecho con mayúsculas. La pregunta es ¿cómo puede suceder esto en España? Y la única respuesta es porque así lo quiere la PPSOE. Recuerden muy bien quienes permiten estas maniobras de Terror Fiscal cuando la PPSOE les llame a votar.
