Ayer hablaba de las denuncias de Ámsterdam&Partners contra la AEAT y hoy traigo el ‘Caso Emilio Valerio’, epítome de todo lo que está sucediendo. Se trata del ex teniente fiscal de la AP de Madrid que tenía un negocio con su esposa y a los que la AEAT pasó por encima literalmente. En este caso, tras una inspección poco ortodoxa, los inspectores de la AEAT determinaron sin fundamento alguno que las empresas de Emilio Valerio constituían un grupo artificioso, ideado para la emisión de facturas falsas entre ellas para conseguir deducciones fraudulentas en el IVA. La AEAT elevó el asunto al MF que presentó el tanto de culpa por posibles delitos fiscales contra él y contra su mujer, solicitando 9M€ y 37 años de cárcel para cada uno, por la comisión de 31 delitos. Muchos etarras tienen menos peticiones.
El asunto acabó en los tribunales donde la Abogacía del Estado sostuvo una acusación basada exclusivamente en la presunción de veracidad atribuida a los funcionarios de la AEAT en el ejercicio de sus potestades ejecutivas y embargaron todos los bienes e ingresos del matrimonio destruyendo, de entrada, su Derecho de Defensa. Esa actuación trajo el descrédito social y la ruina de su pequeño grupo empresarial. Todo, sin contar con la presión psicológica que conlleva una petición de 37 años de cárcel sobre la base de ficciones inventadas por la AEAT.
La sentencia fue absolutoria “por no estar acreditado que el grupo de empresas fuera una artimaña para el fraude” en atención a las pruebas documentales existentes, a las testificales presentadas y a las periciales practicadas. El juez rechazó que ese pequeño grupo de empresas fuera una artimaña para la defraudación del IVA y que las facturas fueran falsas y también descalificó de forma contundente la actuación de los funcionarios de la AEAT al constatar múltiples defectos y carencias en la inspección tributaria llevada a cabo. Sin embargo, el resultado final en la práctica, tal y como está planteado el sistema denunciado por Ámsterdam&Partners, es que el negocio de Emilio Valerio y su esposa fue destruido mientras los funcionarios de la AEAT se van de rositas y se embolsan el bonus correspondiente. ¿Puede haber una estafa peor?
La AEAT, a pesar de todo y tras su fracaso en sede penal, continuó con el acoso en vía administrativa y, entre otras cuestiones, mantuvo un tiempo el embargo, prolongando las dificultades económicas, empero todo acabó abruptamente cuando, el pasado 14.10.2024, Emilio Valerio falleció fulminado por un derrame cerebral. Todos sabemos que el stress es más malo que la drogaína y, en este caso, se llevó por delante la vida de un presunto ciudadano con presuntos derechos fundamentales que sin pudor fueron pisoteados por la AEAT que, con su petición injusta y exacerbada de 9M€ y 37 años de cárcel, más el embargo, lo condujeron al cementerio.
Tenemos, con la AEAT, un problema triple: (i) tiene potestades públicas cuasi ilimitadas que no tienen sentido en un auténtico Estado de Derecho; (ii) desconoce la presunción de inocencia (allí entras culpable y serás culpable siempre) y (iii) además se extralimitan en el cumplimiento de sus funciones y lejos de defender la legalidad, el sentido común y al propio ciudadano, se convierten en comisarios políticos dispuestos a cualquier cosa por hacer carrera y cobrar los bonus.
La falta de democracia conduce a un Estado de Derecho meramente formal donde la deriva autoritaria y los abusos de la Administración son moneda común. El Estado no para de crecer –como en las distopías planteadas en el cine—y, poco a poco, se hace con el control de todo y de todos, sin más límites que su voluntad. A sensu contrario, en España necesitamos una democracia y un Estado de Derecho reales, que pongan límites al Estado y que le obliguen a respetar estrictamente los Derechos Fundamentales y las Libertades Públicas para que el individuo pueda hacer frente al Estado con el Derecho. Lamentablemente, ahora sucede lo contrario: el Estado lo puede todo y el ciudadano no puede nada. Asimismo, necesitamos un régimen de responsabilidad para los funcionarios públicos que abusan de las prerrogativas públicas pasando por encima de la presunción de inocencia y trasladando la carga de la prueba al ciudadano. Hasta que no tengamos todo eso, el Caso Emilio Valerio seguirá repitiéndose. No votes a la PPSOE, por favor. No los votes porque son los grandes culpables de todos los atropellos que perpetra a diario la Administración.
