El IRPF constituye el caballo de batalla de la recaudación tributaria con casi 150.000M€ de los 325.000M€ que nos extrajeron los políticos el pasado año 2025. Algo que, ya de por sí, pone de manifiesto lo menguado y menguante de nuestro sistema productivo que normalmente tributa a través del IS y no del IRPF. Sin un IS fuerte, estamos en segunda o tercera división. Lógicamente, en el IRPF también tributan los trabajadores extranjeros que trabajan en España, empero su contribución estadísticamente resulta un 28% inferior a la de los nativos españoles. La estadística oficial del IRPF de 2024 –última disponible– apunta a unos rendimientos del trabajo medios de 17.849€ para los inmigrantes y 24.861€ para los nativos.
Esa brecha fiscal de 7.012€ nos habla también de una brecha salarial, lo que confirma que estos trabajadores contribuyen a tres cosas muy perjudiciales para nuestra economía: (i) generan una sobreoferta en el mercado de trabajo menos cualificado, bajando los salarios y, por lo tanto, la contribución media al sistema lo que conduce a la infrafinanciación del mismo, todo sin perjuicio de disparar también la economía sumergida dónde abunda el pluriempleo ‘opaco’ para contrarrestar los salarios bajos en la economía oficial; (ii) permiten mantener subsidiados a más de 3M de parados estructurales que, con su derecho a voto, condicionan las políticas de la PPSOE, y (iii) abren la puerta de los servicios públicos y de las pensiones a personas incapaces de financiar su coste medio cargando al resto de los trabajadores con ese fardo. El resultado a largo plazo es una ruina total, pero la PPSOE te venden que son imprescindibles. Son imprescindibles para ellos, pero para tí no, te lo aseguro.
No en todos los epígrafes están por debajo de la media: los trabajadores extranjeros coinciden con los nativos en el rendimiento de AAEE, declarando una media de 14.824€ los segundos, frente a los 14.846€ de los primeros. No obstante, la cuota líquida media fue superior en los nativos (7.186€) que en los foráneos (5.948€), por el juego de las deducciones y las retenciones. Esto nos habla bien claro de que España no es país para autónomos y cuando éstos se extingan habrá llanto y rechinar de dientes. La destrucción del autónomo, supone la destrucción de nuestro tejido productivo básico y de todos los oficios que necesita la sociedad.
En definitiva, si sumamos todos los rendimientos –trabajo, capital mobiliario, capital inmobiliario, AAEE y regímenes especiales– en España tenemos 1,7M de contribuyentes foráneos –muy pocos para el volumen total que tenemos– con una recaudación impositiva de 30.776M€, esto es, suponen el 7,7% de todos los declarantes, pero solo el 5,6% de la recaudación. O dicho de otra manera, mientras el 49% de los ciudadanos españoles declara ingresos en el IRPF, solo un 20% de los extranjeros censados en España lo hace. Datos que no casan ni con la EPA, que habla de 3,6M de extranjeros ocupados, ni con los 2,9 M de cotizantes extranjeros, ni con los declarantes, que solo son 1,4M, más allá de que algunos estén por debajo del umbral que obliga a presentar la declaración. Saquen sus propias conclusiones.
